En la filosofía de Descartes, el ser humano se presenta como el único ser en el que confluyen las tres sustancias. En el hombre, lo finito y lo infinito, lo mortal y lo inmortal, la materia y el espíritu se cruzan. Los animales y los humanos son seres materiales y, como tales, están sujetos a las leyes de la física y la fisiología. En este sentido, la conducta de los animales puede ser explicada totalmente por causas físicas. Los animales son considerados como máquinas –perfectas quizás, pero máquinas, al fin y al cabo– que carecen de “alma” o actividad de pensamiento. Podemos hablar de ellos como “autómatas”.
Por el contrario, el ser humano no puede ser explicado solo como una máquina. La física no es suficiente. Es verdad que algunas actividades humanas –como el movimiento muscular, la digestión o la circulación de la sangre– podrían explicarse en términos físicos. Pero hay otras actividades superiores (pensar, imaginar, elegir, planificar…) que exigen suponer la existencia de una dimensión psíquica, mental, espiritual, distinta y autónoma respecto a la materia. En efecto, hay dos cualidades del ser humano no explicables en clave materialista:
- La conciencia de sí o subjetividad: El yo se percibe a sí mismo, “se piensa pensando”. La conciencia nos piensa como una realidad distinta del mundo, como un Yo autónomo.
- La voluntad libre: Yo no solo tengo ideas, sino que también “quiero”, tomo decisiones en el interior de la conciencia. Por eso poseo libertad. La libertad es un espacio ajeno al mundo material porque, como se recordará, lo material está determinado, no puede ser libre.
Si el pensamiento es una dimensión humana que no puede explicarse por las leyes de la física, eso significa que el Yo es inmaterial. A partir de aquí deduce Descartes la inmortalidad. A pesar de los cambios en el tiempo, el Yo permanece siendo el mismo. Esta dimensión de inmortalidad enlaza al ser humano con la realidad divina y hace que la razón humana sea una especie de reflejo en lo finito (el ser humano) de la divinidad infinita.
Desde luego, Descartes deja abierto un problema para la filosofía posterior: ¿cómo se conectan la dimensión material (el cerebro) y la mental? Descartes afirma que la glándula pineal –una zona del cerebro que se había descubierto en la época– servía de puente entre lo mental (conciencia) y lo material (el cuerpo).
El Problema del Determinismo y la Libertad
Otro problema que deja abierto Descartes es el que se denomina “la contradicción entre el determinismo y la libertad”. ¿Cómo explicamos que existe la libertad si todo hecho del mundo está explicado físicamente? ¿No hay libertad en el mundo material? ¿Solo soy libre en mi conciencia, pero no en mis actos sobre el mundo físico?
El Dualismo Cartesiano: Cuerpo y Alma
Resumiendo, la filosofía cartesiana adopta una posición dualista que vemos ejemplificada en su concepción del hombre. El ser humano es:
- Una realidad corporal que funciona según las leyes (perfectas) de la física: el cuerpo-máquina. El determinismo en la materia es total.
- Una realidad pensante que posee cualidades no reducibles a la física (autoconciencia, libertad, inmutabilidad, eternidad, etc.).
Estas ideas dualistas nos recuerdan a Platón. Sin embargo, el mundo de lo corporal-físico no es una realidad caótica (como decía Platón) sino perfectamente ordenada por las leyes naturales. Lo material adquiere en Descartes un carácter de perfección matemática.
El Método Cartesiano y las Ideas Innatas
Reflexionando racionalmente sobre la primera verdad (*pienso, luego existo*), Descartes llega a dos conclusiones:
1º) Justificación del criterio de certeza (Primera regla del Método): Solo aceptaré como verdaderas aquellas afirmaciones que se muestren con evidencia, con una claridad similar a la que me ha permitido afirmar que soy un ser pensante. Y, después, aceptaré aquellas otras ideas que se deduzcan de las evidencias siguiendo leyes lógicas. La evidencia es una propiedad de las ideas (o enunciados) que se muestran en nuestra mente con distinción y claridad.
- Claridad: es decir, la autoevidencia. Una afirmación es evidente en sí misma si del análisis lógico de la misma se desprende la verdad de esta (“El todo es mayor que la parte”, “No es posible tener y no tener una propiedad”, “todo cuerpo ocupa un espacio”, etc. son verdades evidentes para Descartes). Una afirmación es evidente si su negación nos haría caer en contradicción.
- Distinción: es decir, simplicidad e independencia: las verdades primeras no dependen de otras. No se deducen de otras ni exigen un supuesto.
2º) Existencia de Ideas: Aunque el mundo pensado fuera una ilusión (aún no hemos probado que no lo sea), es innegable que yo tengo en mi interior “un mundo (mental)” con contenidos. En definitiva, tengo ideas. El pensamiento piensa ideas (tres tipos de ideas que luego analizaremos).
Una idea es, en la filosofía de Descartes, un contenido de la mente, del pensar. Para Descartes las ideas son de tres tipos:
- Ideas adventicias: son las representaciones o imágenes que representan o apuntan a objetos que parece que están fuera de la mente, en el mundo exterior. Son las percepciones e ideas de la experiencia (por ejemplo, la imagen de un perro o de un hombre). Es evidente que, si hemos puesto en duda la realidad del mundo, estas ideas no me sirven de mucho porque no sabemos si son verdaderas.
- Ideas facticias: son las construidas a partir de las adventicias por la facultad de pensar con el auxilio de la imaginación o la abstracción. Por ejemplo, la idea de centauro.
- Ideas innatas: Para el racionalismo –y esta postura será negada por el empirismo– existen en nuestra mente ideas o conceptos que no proceden de la experiencia y que, por lo tanto, son propios de la razón. Ideas innatas son las de Yo, Mundo y Dios. Estas son las tres grandes ideas innatas metafísicas. Luego, existen otras ideas innatas de carácter lógico-matemático: ideas que están en la razón sin haber sido creadas por la experiencia. Por ejemplo, el principio de identidad, el de no contradicción, el silogismo disyuntivo, la conmutatividad de la suma…
Conceptos Clave en la Filosofía de Descartes
Evidencia
En Descartes, la búsqueda de evidencias es presentada como la primera regla del método analítico-sintético, consistente en la intuición de las primeras verdades: “no debemos admitir como verdadera cosa alguna que no sea evidente en sí misma para la razón (“clara y distinta” es la verdad) o que se deduzca lógicamente de evidencias”. La evidencia es una propiedad de las ideas (o enunciados) que se muestran en nuestra mente con distinción y claridad:
- Claridad: es decir, la autoevidencia. Una afirmación es evidente en sí misma si del análisis lógico de la misma se desprende la verdad de esta (“El todo es mayor que la parte”, “No es posible tener y no tener una propiedad”, “todo cuerpo ocupa un espacio”, etc. son verdades evidentes para Descartes). Una afirmación es evidente si su negación nos haría caer en contradicción.
- Distinción: es decir, simplicidad e independencia: las verdades primeras no dependen de otras. No se deducen de otras ni exigen un supuesto.
Cogito
En Descartes, el cogito hace referencia a la primera verdad evidente: “pienso, luego existo” (*cogito, ergo sum*). Esta primera verdad nos ha permitido encontrar un punto sólido en el mar de la incertidumbre: existe el pensamiento. Estamos ante una intuición inicial: soy una sustancia pensante (*res cogitans*). Sin embargo, debemos tener en cuenta que esta intuición no implica que la verdad de los contenidos de mi pensamiento quede demostrada. No sabemos si existe fuera de la mente el mundo que pensamos, ni tampoco otras mentes pensantes.
La *res cogitans* es, finalmente, una de las tres sustancias o realidades cuya existencia postula René Descartes. El yo que se percibe a sí mismo, “se piensa pensando”. La conciencia se piensa a sí misma como una realidad distinta del mundo, como un yo autónomo.
Idea (Descartes)
Una idea es, en la filosofía de Descartes, un contenido de la mente, del pensar. Para Descartes las ideas son de tres tipos:
- Ideas adventicias: son las representaciones o imágenes que representan o apuntan a objetos que parece que están fuera de la mente, en el mundo exterior. Son las percepciones e ideas de la experiencia (por ejemplo, la imagen de un perro o de un hombre). Es evidente que, si hemos puesto en duda la realidad del mundo, estas ideas no me sirven de mucho porque no sabemos si son verdaderas.
- Ideas facticias: son las construidas a partir de las adventicias por la facultad de pensar con el auxilio de la imaginación o la abstracción. Por ejemplo, la idea de centauro.
- Ideas innatas: Para el racionalismo –y esta postura la negará el empirismo– existen en nuestra mente ideas o conceptos que no proceden de la experiencia y que son propias de la razón. “Yo”, “mundo” y “Dios” son las tres grandes ideas innatas metafísicas. Luego, existen otras ideas innatas de carácter lógico-matemático: ideas que están en la razón sin haber sido creadas por la experiencia. Por ejemplo, el principio de identidad, el de no contradicción, el silogismo disyuntivo, la conmutatividad de la suma…