HUME
Fundamentos del Empirismo de Hume
Características básicas del empirismo
El empirismo es una corriente filosófica que afirma que el origen y el valor de nuestros conocimientos dependen de nuestra experiencia. Características:
- El origen de todo conocimiento es la experiencia. La mente no tiene ideas innatas; estas se adquieren por la experiencia, que puede ser interna o externa.
- Negación de las ideas innatas. No hay conocimientos independientes de la experiencia; cada idea abstracta tiene su base en el conocimiento aportado por los sentidos.
- Solo el conocimiento sensible nos pone en contacto con lo real. La experiencia sensible es la que determina si algo es verdadero o falso, eliminando la metafísica como ciencia.
- El conocimiento humano es limitado; la experiencia es el límite del conocimiento.
- Lo que conoce la mente son ideas, no cosas. El pensamiento se reduce a relacionar ideas entre sí.
- Nuevo concepto de razón limitada por la experiencia.
Cualidades Primarias vs. Secundarias
Diferencias entre cualidades primarias y secundarias
Cualidades primarias: Objetivas, realmente se encuentran en las cosas. Se perciben por más de un sentido. Son mensurables. Son la extensión y el movimiento. De ellas obtenemos un conocimiento claro y distinto.
Cualidades secundarias: Subjetivas, no existen como tal en las cosas. Se perciben por un solo sentido. Color, olor… No se pueden medir.
El Enfoque Empirista y el Psicologismo
El enfoque empirista y su relación con el psicologismo
El empirismo enuncia que solo podemos afirmar aquello que se basa en la experiencia sensible, es decir, aquello que hemos podido observar mediante los sentidos, lo particular. Por otra parte, el psicologismo dice que sabemos el valor de un conocimiento a partir del análisis de su origen. De este modo, el empirismo solo acepta la validez de las ideas si provienen de una impresión, y esta impresión se corresponde con el origen de dicha idea, por lo que el empirismo coincide con el psicologismo en que el valor de un conocimiento, la validez de una idea, reside en su origen.
Conocimiento: Cuestiones de Hecho y Relaciones de Ideas
El conocimiento en relación con las “cuestiones de hecho” y las “relaciones de ideas”
Existen dos tipos de conocimiento.
Por una parte, están las relaciones de ideas, que se corresponden con las proposiciones propias de las ciencias como las matemáticas, la lógica, etc., y que son plenamente ciertas puesto que su negación es una contradicción. En las relaciones de ideas, el predicado está incluido en el sujeto y se rigen por el principio de semejanza.
Por otra parte, están las cuestiones de hecho, que son las proposiciones propias de las ciencias naturales como la biología. Se llega a ellas a través de la experiencia y no pueden considerarse totalmente ciertas sino probables, puesto que lo contrario no implica contradicción. Se alcanzan mediante el método inductivo y se rigen por el principio de causalidad.
Criterio de Legitimidad de las Ideas
Criterio de Hume para averiguar si una idea es legítima y puede dar lugar a conocimiento
A partir de la crítica al principio de causalidad, Hume propone una conexión necesaria entre el hecho presente y el que se deduce de él. Cuando pasa A, a continuación pasará B, y sabemos que va a pasar B porque lo hemos observado en otras ocasiones. Es decir, hemos memorizado una conducta y eso es lo que esperamos que ocurra. Por lo tanto, el conocimiento nos viene a través de la memoria, que almacena las experiencias que hemos vivido. Toda esta idea de no ir más allá de nuestra impresión elevó a Hume al fenomenismo radical: solo conocemos nuestras percepciones y, por lo tanto, la realidad se reduce a puro fenómeno, es decir, lo que se muestra a nuestros sentidos.
Crítica a las Ideas de Causa y Sustancia
La crítica de Hume a las ideas de causa y sustancia
Hume rechaza el concepto de causalidad, considerado por los naturalistas como un principio que la razón conoce de modo evidente. A cambio, propone la relación de causa y efecto, y solo mediante esta relación podríamos ir más allá de la evidencia de nuestra memoria y nuestros sentidos. Para Hume, la idea de causalidad es la de una conexión necesaria entre el hecho presente y el que se deduce de él, de modo que en presencia del primero esperamos que ocurra el segundo. Pero esta idea de causa es una ficción que crea la imaginación a partir de la experiencia. No tenemos la certeza de que algo vaya a ocurrir, pero tenemos ese hábito y esperamos que como consecuencia de A, ocurra B.
En cuanto a la sustancia, Hume rechaza la distinción entre sustancia y accidente porque, según él, la sustancia no puede ser una impresión de sensación (porque no es aportada por ningún sentido) ni es una impresión de reflexión (porque estas se reducen a nuestras pasiones y emociones, y en ellos no está la sustancia). Así pues, concluye que la idea de sustancia es una colección de ideas simples unidas por la imaginación y a los que se les asigna un nombre particular para recordar esa colección.
El Papel de la Praxis
El papel de la praxis en la teoría del conocimiento de Hume
Así como la experiencia es certera por provenir directamente de la sensibilidad, la praxis no lo es, puesto que se refiere a una posibilidad. Es decir, a partir de la experiencia nuestra mente elabora una serie de conexiones que nos hacen predecir lo que va a ocurrir, aunque no tiene por qué cumplirse. Esa predicción es la praxis. Por ejemplo, una experiencia es que por A pasó B; praxis es esperar que si vuelve a pasar A, vuelva a pasar B.
El Emotivismo Moral de Hume
Breve descripción del emotivismo moral de Hume
Hasta entonces, la filosofía había establecido el fundamento de la moralidad en la razón humana. La virtud era vivir conforme a la naturaleza, la felicidad era seguir los dictados de la razón. Gracias a la razón se podían resolver los dilemas morales y decidir qué hacer. Para Hume, la finalidad del conocimiento moral es la acción, el cumplimiento del deber; sin embargo, considera que la razón por sí sola no puede promover la acción, sino que son las pasiones los motores de nuestra conducta. Hume explica que la razón atiende hechos reales y relaciones de ideas, por lo que si la virtud fuera determinada por el entendimiento, debería ser objeto de una de estas dos operaciones. Pero el filósofo afirma que no puede tratarse de hechos reales (porque no encontramos la cualidad buena o mala en el objeto, sino que llegamos a una conclusión tras reflexionar). Tampoco son relaciones de ideas, porque la virtud y el vicio deberían ser proporciones de cantidad y número, contrariedades, etc., y sin embargo no se encuentran solo en las cosas materiales sino también en nuestras acciones y deseos. De este modo, Hume afirma que cuando tenemos una perspectiva clara para una acción mediante el análisis de la razón, lo que determina en último término nuestra conducta es el sentimiento que nos encamina a realizar las acciones que nos producen placer (virtud) y no las que no hacen (vicio). Con esto parece que el emotivismo moral conduce al relativismo y egoísmo (busca el placer propio), pero Hume dice que hay un acuerdo básico en el funcionamiento de los sentimientos morales que está en la mente humana, por lo que hay deberes y virtudes universales que solo en un estado de locura podrían negarse.
La Falacia Naturalista
Explicación de la falacia naturalista según Hume
Hume considera como una falacia naturalista al esquema moral clásico que consiste en extraer el valor de las acciones o cualidades de su capacidad para acercarnos a la finalidad de la vida humana. Una falacia naturalista consiste en concluir un “debe” de un “es”, es decir, deducir qué es bueno o malo a partir de la observación de las tendencias de la vida humana.
El Paso de la Certeza a la Creencia
El paso de la certeza a la creencia
Para Hume, una idea es verdadera cuando proviene de una impresión, cuando podemos conocer su origen (su impresión). Por lo tanto, podemos tener certeza sobre las ideas actuales que provengan de una impresión o sobre aquellas ideas que coinciden con impresiones pasadas. Sin embargo, no tenemos certeza de ideas futuras porque no tenemos impresiones. Lo que ocurre es que el hecho de haber observado determinada conducta (cuando A pasa le sigue B), nos hace creer que si vuelve a pasar A, volverá a pasar B. No se habla pues de una certeza, sino de una creencia, puesto que no está basado en una impresión sino en un hábito.