La Prehistoria: Del Paleolítico al Neolítico
El Paleolítico: Los Primeros Humanos y la Supervivencia
La primera traza que se tiene del ser humano en la prehistoria data de hace 2,5 millones de años con el Homo habilis. Este hito marca el comienzo del Paleolítico, una extensa etapa de la prehistoria condicionada por las glaciaciones. Estos cambios climáticos determinaron la evolución de los homínidos y sus desarrollos técnicos para la supervivencia.
Durante el Paleolítico, se tiene constancia de varios tipos de homínidos, entre ellos:
- Homo habilis
- Homo antecessor
- Homo sapiens
- Homo heidelbergensis (o pre-neandertal)
- El Denisovano
- El Cromañón
El Paleolítico, la primera etapa de la prehistoria, se caracteriza por:
- Economía depredadora: Basada en la toma de recursos de la naturaleza sin reponerlos, como la caza, la recolección y el aprovechamiento de la carroña. Incluso se ha planteado la existencia de canibalismo, como sugieren restos de huesos con marcas de herramientas encontrados en la Gran Dolina de Atapuerca*.
- Tecnología lítica: Los homínidos tallaban la piedra. El sílex era el material más sofisticado, pero no se caracterizaba por un avanzado desarrollo de utillaje en sus inicios.
- Organización social: Se organizaban en clanes y eran nómadas, ya que dependían de los recursos naturales y debían desplazarse en su busca, lo que refleja períodos de escasez de alimentos.
- Refugio: Se refugiaban en cuevas, a menudo cerca de los ríos. En estos entornos se desarrolló la cultura Magdaleniense (entre los años 15000 a.C. y 8000 a.C.), caracterizada por el surgimiento del arte rupestre (como en Altamira) y el arte mobiliar.
- Condiciones de vida: Las duras condiciones limitaban el tamaño de los agrupamientos, que eran pequeños. Por lo tanto, la reproducción y la cooperación entre ellos serían fundamentales para la supervivencia de los clanes.
El Neolítico: La Revolución Agrícola y los Primeros Asentamientos
Esta situación social y económica se vio alterada por el fin de las glaciaciones y los consiguientes deshielos. Los homínidos se vieron forzados a migrar hacia los valles. Un foco importante de desarrollo fue Mesopotamia (actual Irak), en torno al año 10000 a.C. (aunque las fechas varían unos 2000 años antes o después según el autor). Hacia el año 9000 a.C., grupos neolíticos llamados Cromañones (Homo sapiens) se dirigieron hacia Europa.
El Neolítico se situaría aproximadamente entre los años 10000 a.C. y 4500 a.C. (las fechas varían según la región y el autor). En él se produjo un cambio climático que impulsó a los homínidos a buscar zonas con abundancia de agua y temperaturas más moderadas, asentándose en valles fértiles como los de Mesopotamia. Los cambios clave de este período incluyen:
- Desarrollo técnico: Las herramientas pasaron de ser talladas a ser pulidas. Surgieron técnicas nuevas como la cestería, la cerámica y los tejidos, junto con un nuevo utillaje agrícola.
- Sedentarismo: Gracias a este desarrollo (agricultura y ganadería), los homínidos ya no tendrían que depender exclusivamente de la naturaleza ni desplazarse para buscar alimento. Esto permitió el sedentarismo y el aumento de la población.
- Nuevas formas de organización: Se formaron los primeros poblados estables, lo que trajo como consecuencia el desarrollo del comercio (trueque) y una economía productora.
- Cambios sociales: Todo esto generó una nueva sociedad. Apareció la propiedad privada y la diferenciación social (por criterios económicos), que dará lugar a una jerarquía social. Surgió también la división del trabajo; la mayor accesibilidad a la comida permitió, según algunos autores, que los hombres salieran a cazar o defendieran el territorio mientras las mujeres cuidaban del poblado, los niños y los cultivos.
Origen y Funciones de las Cortes en los Reinos Cristianos Medievales
Las Cortes eran asambleas medievales formadas por representantes de los tres estamentos (nobleza, clero y ciudades). No eran verdaderamente representativas de la comunidad del reino (en absoluto democráticas en el sentido moderno) y servían, en general, para atender las consultas del rey, sobre todo sus peticiones de subsidios extraordinarios.
Nacen cuando a las reuniones extraordinarias de la Curia regia (o Cort), a las que tradicionalmente asistían nobles y prelados, se suman representantes de algunas ciudades.
Las Cortes en la Corona de Castilla
En la Corona de Castilla, nacen las primeras Cortes peninsulares a finales del siglo XII. El rey de León (estaban separados entonces ambos reinos), por problemas fiscales y monetarios, convocó, junto a la nobleza y la Iglesia, a representantes de algunas ciudades. Desde la unificación definitiva de Castilla y León (1230), se unificaron también las Cortes.
Durante todo el siglo XIV, mantuvieron su función consultiva. Sin embargo, la sucesión de reyes en minoría de edad dio un creciente papel a las reuniones de Cortes, pues las ciudades eran el principal apoyo de estos reyes frente a la nobleza y el clero. En el siglo XV, no obstante, su protagonismo disminuyó. Esto se debió a que muchas ciudades perdieron su representación al ser entregadas a nobles como señoríos, además de que la nobleza y el clero dejaron de asistir con regularidad. Hasta finales de la Edad Media, sus reuniones tuvieron un peso político que perderán definitivamente en la Edad Moderna, especialmente tras la revuelta de las Comunidades (1520-1521).
Las Cortes en la Corona de Aragón
En la Corona de Aragón, las Cortes eran asambleas propias de cada territorio (Cataluña, Aragón y Valencia), pues nunca se unificaron en una sola institución para toda la Corona. Estaban formadas por tres brazos: nobleza, clero y patriciado urbano (representantes de las ciudades reales), salvo en el reino de Aragón, donde la nobleza sumaba dos brazos distintos (alta y baja nobleza).
A diferencia de Castilla, las Cortes aquí aprovecharon las circunstancias históricas para actuar como órganos de control estamental sobre la Corona. Para vigilar el cumplimiento de los acuerdos de las Cortes una vez estas se disolvían, surgió en Cataluña la Diputación del General. Inicialmente tuvo carácter temporal, pero apareció también en Aragón y en Valencia, aunque con menor poder que en Cataluña. En Cataluña, pasó a llamarse “Generalitat” y se convirtió en un auténtico órgano de gobierno interior, desempeñando a veces un papel político esencial hasta su final en el siglo XVIII con los Decretos de Nueva Planta.
Las Cortes en el Reino de Navarra
Al igual que sucedía en la Corona de Aragón, los monarcas de Navarra dependían en gran medida de las Cortes para gobernar, por lo que debían pactar con ellas. Si bien, como en Castilla, eran únicas para todo el reino. Y como muchos reyes navarros eran de origen francés y a menudo ni siquiera residían en Navarra, aceptaron colaborar con las Cortes, que se consolidaron en la Baja Edad Media. En este período nació también su diputación permanente para vigilar los acuerdos. Las Cortes de Navarra perduraron hasta su disolución tras la Primera Guerra Carlista (mediados del siglo XIX).