El Romanticismo y la Ilustración

1.ILUSTRACIÓN 
La Ilustración es un movimiento ideológico y cultural que se desarrolló durante. sigle XVIII en Europa, con Francia como principal foco de irradiación
Los valores y el espíritu ilustrados inspiraron la Revolución americana desembocó en la declaración de independencia de Estados Unidos, en 1775 la Revolución francesa de 1789. Además, muchos de los valores de las sociedades contemporáneas son herencia del también conocido como Siglo de las Luces:la afirmación de la libertad y de la dignidad del individuo, la identificación de unos derechos fundamentales de carácter universal o la importancia de la educación para lograr una vida plena.
1.1. Autonomía y espíritu crítico
Para los ilustrados, el ser humano es el dueño de su destino. La conquista de esa autonomía exige someter a crítica todos los valores y conocimientos heredados. El espiritu crítico se convierte, así, en un rasgo fundamental de este periodo.
Los ilustrados cuestionaron, en particular, los valores del Antiguo Régimen el absolutismo monárquico -que encarnaron los Austrias en España o Luis XIV en Francia-, los privilegios del clero y de la aristocracia, o la religiosidad tradicional.
1.2. Optimismo
A diferencia de los románticos, los ilustrados confian en el progreso moral y material del ser humano. El instrumento primordial para alcanzar una socie dad más justa y próspera es la educación, a la que se otorga un papel central en este periodo.
La redacción de la Enciclopedia, la promoción de la educación pública, la aparición de instituciones como museos, academias, bibliotecas o jardines botánicos, y el desarrollo de una literatura útil, de acuerdo con el principio horaciano de delectare et prodesse («aprovechar y deleitar»), están relacionados con esta visión del mundo.
1.3. Racionalismo
Para los ilustrados, la razón, la observación y la experimentación son las únicas fuentes fiables de conocimiento, frente a la tradición, la autoridad de los antiguos o la revelación divina. Criticarán, en consecuencia, la superstición y la intolerancia religiosa, y propondrán la secularización de la sociedad. Estas ideas impregnan las obras de filósofos como Immanuel Kant o David Hume, y las de los enciclopedistas franceses Denis Diderot, Voltaire, Montesquieu o Jean-Jacques Rousseau.
1.4. Reformismo y despotismo ilustrado
Los ilustrados no fueron revolucionarios, sino reformistas; no preconizaban la rebelión contra la autoridad, sino que esta se ejerciera de forma racional.
El despotismo ilustrado cuyo espiritu queda sintetizado en la máxima «todo para el pueblo, pero sin el pueblo» – fue la forma de gobierno característica en la Europa ilustrada. El pueblo, en virtud de un contrato implícito, delega el poder en un prin cipe que gobierna de forma soberana, pero guiado por el bien común. Los monarcas ilustrados Luis XV de Francia, Federico Il de Prusia, José I de Portugal, Catalina ll de Rusia o Carlos III de España- promovieron, de esta manera, obras públicas para mejorar las condiciones de vida de sus súbditos y fomentaron la educación, la ciencia y las artes, mediante la creación de centros de estudio y experimentación, entre otras iniciativas.
1.5. La Ilustración en España
la debilidad de la burguesia, el arraigo de la religiosidad tradicional y el poder de la Talesia dificultaron la penetración de las ideas ilustradas en España. Sin embargo, es posible afirmar que existió un Siglo de las Luces español, impulsado desde distintos ambitos:
. Novatores. A fines del siglo xvII y principios del xVIII surge un grupo de científicos e intelectuales (Tomás Vicente Tosca, Juan Bautista Corachán o Diego Mateo Zapata), conocidos como «novatores», que, con su defensa de la autonomia de la razón y la ciencia, propiciarán el desarrollo del movimiento ilustrado.
. Instituciones ilustradas. Las sociedades económicas de amigos del pais-fun-dadas en España y en Hispanoamérica para difundir los avances científicos y técnicos-, las academias –Real Academia Española, 1713; Real Academia de la Historia, 1738; Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1752- e instituciones como el Real Jardín Botánico de Madrid (1755) son reflejo del afán educativo de la Ilustración.
• Élite ilustrada. Una constelación de figuras de distintas esferas del saber y de la creación acreditan la pujanza de la llustración en España: además de los escritores que estudiarás en la unidad, podemos destacar a Antonio José Cavanilles, Celestino Mutis o Jorge Juan, en ciencia; Juan de Villanueva en arquitectura;
o Francisco de Goya en pintura.
Con todo, los ilustrados fueron una minoría – el número de escritos piadosos, catecismos y hagiografias (vidas de santos) del siglo xvIII es mucho mayor que el de obras de signo renovador – y tuvieron que enfrentarse a una virulenta reacción antilustrada que limitó su influencia.
1.6. La literatura del siglo xvIII
En general, la literatura ilustrada responde a los principios de racionalidad y utilidad característicos del periodo. Así, frente al retroceso de la poesia lírica, predominan otros géneros como el ensayo o la fábula.
En la literatura española del siglo xvIII coexisten -incluso en la obra de un mismo autor – diversas actitudes estéticas.
Corrientes artísticas del siglo XVIII
  • Rococó
Se trata de un estilo galante, refinado y superficial, que encuentra su máxima expresión en la poesía anacreóntica, cultivada por Juan Meléndez Valdés.
En este tipo de poemas se celebran el amor, la belleza, el placer y el vino, en medio de un entorno bucólico.
• Neoclasicismo
Este movimiento artístico y literario propone la imitación de la literatura grecolatina (y sus géneros característicos: fábula, sátira, epistola…) y del clasicismo francês del siglo xvIII (Molière, La Fontaine…). Entre sus principios, recogidos por Ignacio de Luzán en su Poético (1737), destacan el sometimiento de la literatura a normas dictadas por la razón (la regla de las tres unidades en el teatro, por ejemplo), la intención crítica o didáctico-moral, la verosimilitud, y el decoro y la claridad expresiva.
• Sentimentalismo
En esta tendencia se inscribe una serie de obras (Noches lúgubres, de José Cadalso; la comedia lacrimosa El delincuente honrado, de Gaspar Melchor de Jovellanos; el poema A Jovino, de Juan Meléndez Valdés) que reivindican os sentimientos (amor, melancolía, conmiseración, fraternidad…)
Frente a la frialdad de la razón o de las convenciones sociales. Estos textos anuncian, ya a finales del siglo, el Romanticismo.
2.El ensayo ilustrado. José Cadalso
El ensayo, configurado como género literario por el francés Michel de Montaigne en el siglo XVI, es un texto en prosa, de extensión variable, en el que el autor presenta razonadamente su opinión o punto de vista sobre un tema.
El ensayo fue uno de los géneros preferidos por los ilustrados. Los enciclopedistas franceses escribieron ensayos filosóficos (Pensamientos filosóficos, de Denis
Diderot), ensayos de teoría sociopolítica (El contrato social, de Rousseau; El espiritu de las leyes, de Montesquieu) y ensayos de crítica social (Cartas persas, de Montes. quieu). En España, los principales cultivadores del género fueron Feijoo, Jovellanos y Cadalso.
2.1. Benito Jerónimo Feijoo
La primera gran figura de la Ilustración en España fue Benito Jerónimo Felioo
(1676-1764). Perteneciente a una familia de la nobleza gallega, ingresó en la Orden de San Benito y ejerció como profesor de teología en Oviedo.
Los principales ensayos de Feijo están reunidos en los ocho tomos de Teatro crítico universal (1726-1740) y los cinco volúmenes de Cartas eruditas y curiosas
(1742-1760).
El objetivo de ambas obras no es otro que «impugnar errores comunes», es decir, combatir supersticiones y prejuicios por medio del pensamiento racional. Ello explica los múltiples ensayos dedicados por el autor a reprobar la credulidad y a cuestionar los milagros («Examen de milagros», «Milagros supuestos», «Uso de la magia»..).
La producción literaria de Feijoo

se caracteriza por la naturalidad en la expresión, la variedad temática y el afán divulgador, que comparte con los enciclopedistas franceses. En sus obras trata desordenadamente -en «riguroso misceláneo»-asuntos como el atraso científico de España («Causas del atraso que se padece en España en orden a las ciencias naturales»), el patriotismo irracional («Amor de (a patria y pasión nacional»), el amor («Causas del amor», «Remedios del amor»), la consideración social de la mujer («Defensa de las mujeres»), el juicio estético («Razón del gusto», «El no sé qué») o el idioma («Introducción de voces nuevas»).

Feijoo suele basar sus argumentaciones en su propia experiencia y también en la observación directa de la realidad, lo que dota al texto de la subjetividad característica del ensayo. Su obra tuvo gran éxito editorial y le granjeó un extraordinario prestigio, aunque generó, a la vez, una intensa polémica y contestación.
2.2. Gaspar Melchor de Jovellanos
Los dos textos ensayísticos fundamentales de Jovellanos reflejan con claridad sus
ansias reformistas:
• Memoria para el arreglo de la policia de los espectáculos y diversiones públicas y sobre su origen en España (1786). Para Jovellanos, la finalidad de los juegos y de los espectáculos debe ser el «bien general», es decir, educar al público en los valores ilustrados. El autor propone, por este motivo, una reforma del teatro, de manera que concilie «estos dos grandes objetos: la instrucción y la diversión pública»
  • .Informe sobre la ley agraria (1795). En este escrito, Jovellanos aborda el tema de la desamortización’ y plantea la necesidad de repartir la tierra entre pequeños propietarios, impidiendo, de este modo, la perpetuación de una nobleza privile giada y reaccionaria.
2.3. José Cadalso
Las dos obras más significativas de José Cadalso –Cortos marruecas y Noches lúgubres- se publicaron de manera póstuma. La primera marca la plenitud de la literatura ilustrada en España; la segunda, por su parte, convierte al autor en un precursor del Romanticismo literario.
Cartas marruecas
Las Cartas marruecas (1789), que toman como modelo las Lettres persones (Cartas persas) de Montesquieu, ofrecen una reflexión crítica sobre la realidad de España.
La obra se compone de una colección de ensayos en forma de noventa cartas que se dirigen entre sí tres personajes ficticios:
• Gazel. Joven marroquí, encarnación de la inocencia y de la curiosidad, que viaja por la península ibérica. Su observación, libre de prejuicios, de las costumbres y tradiciones españolas despierta en él numerosos interrogantes, nacidos del choque con otra mentalidad.
•Nuño. Portavoz de las ideas ilustradas y de la ideologia del autor, es un español que acompaña a Gazel. Su punto de vista es sombrío y desesperanzado.
• Ben Beley. Maestro y consejero de Gazel, permanece en Marruecos y representa la sabiduría y la ponderación. Sus cartas ofrecen una reflexión ética de carácter universal.
La actitud de cada personaje permite al autor abordar los problemas del país desde diversas perspectivas: el atraso científico y técnico, la ignorancia y ociosidad de la nobleza, la corrupción del idioma, el patriotismo ciego, el desprecio del talento y del mérito…
Para Cadalso, la decadencia de España tiene su origen en el siglo xvii, y la solu-ción, de acuerdo con el ideario ilustrado, exige la superación de los privilegios y el impulso a la educación, la ciencia y la cultura. La preocupación por la situación de España y el tono pesimista convierten a Cadalso en antecedente del escritor romântico Mariano José de Larra (UnIDAD 20).
Noches lúgubres
Noches lúgubres (1789-1790) se inspira en el poema Noches (1742-1745), del inglés
Edward Young, que inaugura el llamado género sepulcral!.
La obra de Cadalso está estructurada en tres partes o noches, y se presenta bajo la forma de un diálogo teatral.
Primera noche
Segunda noche
ESTRUCTURA Y ARGUMENTO
Una oscura noche de tormenta, Tediato, acompañado del sepulturero Lorenzo, acude al cementerio para desenterrar el cadáver de su amada, llevarlo a su casa y morir junto a él. La aurora los sorprende y deciden postergar la tarea.
Acusado por error de asesinato, Tediato es detenido. Al ser liberado, se topa con un hijo de Lorenzo, quien le cuenta la situación desesperada en la que vive la familia.
Tercera noche
En la tercera jornada, Tediato convence a Lorenzo para que lo ayude en sus propósitos y ambos se dirigen a la tumba.
Las Noches lúgubres constituyen la obra más característica del prerromanticismo
into de obras
fados del
secialmente
racterizan por os macabros.
español: la ambientación nocturna, la obsesión por la muerte o la angustia vital del protagonista anticipan rasgos del Romanticismo. Únicamente en la segunda parte. en la que Tediato descubre la solidaridad y la compasión («Nadie es infeliz si puede hacer a otro dichoso»), se aprecian huellas del pensamiento ilustrado.
3.El teatro del siglo xvIII. Leandro Fernández de Moratín
El teatro fue objeto de una gran polémica en el siglo XVIII. Los ilustrados intentaron convertir el género dramático en un instrumento para difundir su ideario y para transformar la sociedad. En este empeño, sus propuestas chocaron con los gustos de un público que entendia el teatro como una diversión y que llenaba los locales para aplaudir las obras del siglo xvII (Lope de Vega, Calderón de la Barca) y de sus imitadores tardíos (José de Cañizares).
3.1. La comedia neoclásica
Los autores ilustrados renegaron del teatro barroco y promovieron una nueva fórmula teatral: la comedia neoclásica.
Este modelo dramático se caracteriza por los siguientes rasgos:
• Las obras están escritas, por lo general, en prosa.
• Respetan la regla de las tres unidades (lugar, tiempo y acción).
• Presentan conflictos contemporáneos y verosímiles, que se desarrollan en una ambientación urbana o burguesa.
• Pretenden criticar las costumbres de la sociedad de su tiempo, de acuerdo con el afán reformador propio de la lustración.
Este nuevo concepto del teatro exige un nuevo espacio de representación: del corral de comedias se pasa, así, al teatro cerrado de estilo italiano. Se produce también una paulatina transformación del público que acude a las representaciones, en el que va adquiriendo cada vez mayor presencia la burguesía. Esta circunstancia hará posible, una vez comenzado el siglo xix, la eclosión del drama romántico y el triunfo de la novela.
Los primeros ejemplos, todos ellos en verso, de comedia neoclásica en España son La petimetra (1762) .
-que critica la frivolidad y afectación de las jóvenes en el Madrid
dieciochesco, de Nicolás Fernández de Moratín (1737-1780); y El señorito mimado
(1788) y La señorita malcriada (1788) -ambas sobre la mala educación de las clases acomodadas, escritas por el también fabulista Tomás de Iriarte (1750-1791).
3.2. La obra dramática de Moratín
Hijo del escritor Nicolás Fernández de Moratín, Leandro Fernández de Moratín
(1760-1828) creció en una familia de ambiente ilustrado. Viajó por toda Europa y fue uno de los afrancesados que colaboró con el gobierno de José Bonaparte. Tras la vuelta al absolutismo con Fernando VIl, se exilió en Francia, donde entabló amis tad con el pintor Francisco de Goya.
Moratín es autor de cinco comedias, que pueden dividirse en dos grupos:
• En El viejo y la niña, El sí de las niñas y El barón, el autor critica, por irracionales, los matrimonios de conveniencia que pactan los padres y defiende el derecho de la mujer a elegir marido, así como un modelo de educación basado en la libertad.
• La mojigata y La comedia nueva o El café tienen carácter sati-rico. En la primera se censuran la hipocresía y falsa devoción
-como en Tartufo, de Molière- , fruto de una educación autoritaria que fomenta el disimulo; la segunda obra critica el teatro barroquizante que dominaba la escena contemporánea.
4.La poesía del siglo xvIII
En el siglo XVIII, el didactismo y la exaltación de la razón propios de la llustración determinaron un retroceso en el cultivo de la lírica frente a géneros como el ensayo.
Hasta mediados de la centuria no puede hablarse de renovación poética. Se sigue cultivando una poesía de rasgos barrocos, cuyos representantes – Gabriel Alva. rez de Toledo, Eugenio García Lobo, José Antonio Porcel – mantienen el estilo de Quevedo y Góngora. Tras la publicación de la Poética (1737) de Ignacio de Luzan
– que reclama una poesia presidida por la claridad, la utilidad y el buen gusto, ajena al exceso barroco-, surgen dos estilos aparentemente opuestos, pero que convivirán, con frecuencia, en un mismo autor: la poesia rococo o anacreóntica, y la poesía cívica y filosófica.
4.1. La poesía rococó o anacreóntica
Se trata de una poesía refinada y galante, que tiene como temas centrales el amor, el placer de los sentidos y la belleza de la mujer, enmarcados casi siempre en un entorno bucólico. El modelo de esta tendencia son las composiciones del griego
Anacreonte (siglos VI-v a. C.). El máximo representante de esta corriente en España es Juan Meléndez Valdés (1754-1817). Miembro de la escuela salmantina’, es autor de composiciones como El amor mariposa, El abanico o la anacreóntica A Dorila
(UNIDAD 11).
4.2. La poesía cívica y filosófica
En este grupo se inscriben poemas de mayor hondura ideológica y de intención crítica o didáctico-moral.
  • Gaspar Melchor de Jovellanos
Sobresalen sus sátiras y epístolas. En las dos sátiras A Arnesto, critica las costumbres, degradación moral y mala educación de la nobleza. En la epístola A. Batilo (nombre poético de Meléndez Valdés) se sirve de tópicos como el locus amoenus, el menosprecio de corte o la aurea mediocritas para invitar a su amigo a conocerse a sí mismo, apartado del mundo, en contacto con la naturaleza
  • Juan Meléndez Valdés
En su producción destacan las epístolas El filósofo en el campo y A Jovino, el melancólico. En esta última, dirigida a su maestro Jovellanos, acuña la expresión «fastidio universal» para designar un «agudo dolor o tedio amargo» que anticipa la angustia existencial de los románticos.
5.La novela del siglo xvIII
En otras tradiciones literarias, el xvill será el gran siglo de la novela. Así ocurre, por ejemplo, en la literatura inglesa, con autores como Daniel Defoe (Robinson Crusoe).
Jonathan Swift (Viajes de Gulliver) o Laurence Sterne (Tristram Shand), entre otros.
Sin embargo, en España se observa una llamativa escasez de títulos, que ha merecido diversas explicaciones: por un lado, la utilidad que persiguen los ilustrados choca con la naturaleza de este género, que se asocia al entretenimiento; por otro, no existe aún un público burgués, clave para la eclosión de la novela. Destacan, a pesar de todo, dos obras:
• Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del doctor don Diego de Torres Villarroel, una narración autobiográfica con elementos picarescos escrita por el propio Diego de Torres Villarroel (1694-1770).
• Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, del padre
José Francisco de Isla (1703-1781), novela satírica que relata la historia de un muchacho ignorante empeñado en ser predicador.


1.El Romanticismo
El Romanticismo es un movimiento artístico y literario que surgió a finales del siglo XVIII en Inglaterra y en Alemania, y se extendió por otros paises de Europa y América durante la primera mitad del siglo xIX.
El Romanticismo mantuvo su vigencia durante más de medio siglo, en el que Europa asistió a la Revolución francesa de 1789 y a las oleadas revolucionarias de 1820, de 1830 y de 1848, que hicieron de la burguesia el grupo social dominante. Coincidió también con la primera Revolución industrial, que supuso el triunfo del maquinismo y el capitalismo.
En el Romanticismo conviven dos tendencias:
•El Romanticismo liberal, partidario de llevar hasta las últimas consecuencias el lema de la Revolución francesa: «Libertad, igualdad, fraternidad». Es el caso de Lord Byron en Inglaterra, de Victor Hugo en Francia o de José de Espronceda en
España.
• El Romanticismo conservador, que propugna el retorno a los valores del Antiguo Régimen. Tras la derrota de Napoleón en la batalla de Waterloo (1815), la Santa Alianza –formada por Prusia, Austria y Rusia– promovió la Restauración: el retorno a las monarquías absolutas para restablecer la situación política y social anterior a la Revolución francesa. En esta tendencia se inscriben Walter Scott en Inglaterra, Francóis-René de Chateaubriand en Francia, Novalis en Alemania o
José Zorrilla en España.
Algunos rasgos característicos de la sensibilidad contemporánea tienen su origen en el Romanticismo el individualismo, el prestigio de la originalidad y del cambio; el sistemático cuestionamiento de lo establecido; la consideración de la juventud como un valor en si misma; o la importancia de los sentimientos y las emociones.
1.1. El Romanticismo europeo
El inicio del Romanticismo está vinculado a dos figuras fundamentales de la cultura europea: el filósofo francés Rousseau y el escritor alemán Goethe.
• Jean-Jacques Rousseau (1712-1778). En algunas obras de este pensador ilustrado se abre paso una nueva mentalidad, basada en la primacía de los sentimientos y la sensibilidad, en la exploración del yo o en la exaltación de la naturaleza frente a la civilización. Es el caso de su novela epistolar Julia, o la nueva Eloisa – en la que se narran los amores entre Julia y su preceptor Saint-Preux-; o de Confesiones y Ensoñaciones de un paseante solitario – de carácter autobiográfico-
• Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). El Romanticismo tiene como preludio el Sturm und Drang («Tempestad y Empuje»), corriente literaria que se desarrolla en Alemania entre 1770 y 1784. En ella se inscribe la novela epistolar Las penas del joven Werther (1774), de Goethe, cuyo protagonista, enamorado de Lotte, se suicida tras saber que ella se ha casado. La obra, que tuvo gran éxito, desato una ola de suicidios en Europa.
AUTORES ROMÁNTICOS EUROPEOS
  • Inglaterra
Destacan los novelistas Walter Scott y Mary Shelley, y los poetas Lord Byron, William Wordsworth, Samuel Taylor Coleridge, Percy B. Shelley y John Keats.
  • Alemania
Sobresalen los poetas Friedrich Hölderlin, Novalis o Heinrich Heine; el poeta, filósofo y dramaturgo Friedrich Schiller; y el narrador E. T. A. Hoffmann.
  • Francia
Los principales representantes son el poeta, narrador y dramaturgo Victor
Hugo, y el poeta y cuentista Gérard de Nerval.
1.2. El Romanticismo español
A finales del siglo xvii se reconocen en la literatura española algunas manifestaciones literarias del llamado prerromanticismo (UNIDAD 19): Noches lúgubres, de Cadalso; el poema A Batilo, de Meléndez Valdés; o los dramas lacrimosos de Jovellanos. Sin embargo, el Romanticismo no prenderá en España hasta entrado el siglo xix;
• Tras la Guerra de Independencia (1808-1814) contra la ocupación francesa, Fernando VIl recuperó el trono y restauró el absolutismo monárquico. Durante la Década Ominosa (1824-1843), persiguió severamente a los partidarios de la Constitución de 1812. El resultado fue un exilio masivo de intelectuales, de abogados o de militares de convicciones liberales a Inglaterra — entre ellos, Ángel de Saavedra o Espronceda– y a Francia – Martínez de la Rosa–, donde pudieron conocer y traducir la literatura europea de la época.
•En 1833, poco antes de la muerte de Fernando VII, se concedió una amnistía a los desterrados. El retorno de estos, empapados de la nueva sensibilidad romántica, halló un terreno abonado en el país, donde habian publicado ya sus primeros textos autores como Larra. El estreno en 1835 del drama Don Álvaro o lo fuerzo del sino, de Ángel de Saavedra, duque de Rivas, supuso el definitivo triunfo del
Romanticismo en España.
• El apogeo del Romanticismo español se sitúa, pues, en las regencias de Maria Cristina (1833-1840) y del general Espartero (1840-1843), durante la minoría de edad de Isabel II. En los años siguientes (Década Moderada, 1844-1854), el movimiento pierde paulatinamente vigor, aunque la lírica romántica dará sus mejores frutos en España tardiamente: las Rimas, de Gustavo Adolfo Bécquer, y En las orillas del Sar, de Rosalía de Castro.
1.3. Características generales del Romanticismo
El Romanticismo trajo consigo una nueva concepción del mundo y del ser humano, cuyos rasgos definitorios se pueden concretar en los siguientes puntos.
Idealismo y culto al yo
La cosmovisión romántica está marcada por el idealismo alemán, corriente de pensamiento cuyo máximo representante es Johann Gottlieb Fichte (1762-1814), Para los filósofos idealistas, la realidad no es sino una creación o representación del yo. El yo pasa a ser, así, la instancia primordial, absoluta, que ocupa el lugar de la divinidad.
Como consecuencia del individualismo o exaltación de la subjetividad, la literatura romántica se convierte en una exploración del interior de la conciencia y no en una forma de analizar o de reflejar la sociedad o el mundo exterior. Ello explica el auge de la lírica, que desplaza al ensayo como género.
Angustia metafísica
El ideal – político, amoroso, vital- de los románticos choca con una realidad mezquina y hostil. Del desajuste entre realidad y deseo nace un sentimiento de decepción que se traduce en una concepción pesimista de la existencia. La insatisfacción, el desen-gaño, la angustia vital o el tedio (el mal du siècle) serán temas característicos de este periodo.
Irracionalismo
El Romanticismo reacciona contra el culto a la razón característico de la llustración.
Desconfia, pues, de esta como fuente de conocimiento o de creatividad, y se siente atraido por las dimensiones irracionales del ser humano: los sentimientos, la fantasia, el sueño, la locura, la intuición, la inspiración…
El desarrollo del género fantástico y de terror, o la ambientación nocturna (frente a la luz de la razón) de las obras literarias y artísticas serán algunas de las manifesta.
ciones del irracionalismo romántico.
Ansia de libertad y rebeldía
Libertad en literatura, como en las artes, como en la industria, como en el comercio, como en la conciencia. He aquí la divisa de la época, escribe Mariano José de Larra en su artículo «Literatura».
La libertad es una de las aspiraciones del artista romántico, cuyo individualismo no reconoce limites. Este anhelo se manifiesta en el rechazo de las normas en la creación artística o en la exaltación de la rebeldía como tema literario.
Surge, así, el héroe romántico, un personaje asocial (proscrito, seductor…) que se rebela contra la divinidad, contra los códigos morales y contra las convenciones sociales. Así pues, figuras como Prometeo (en el poema Prometeo, de Goethe; el drama Prometeo liberado, de Shelley; la novela Frankenstein o el moderno Prometeo. de Mary Shelley); Satanás (Fausto, de Goethe); Cain (Caín, de Lord Byron), o don Juan se convertirán en personajes típicamente románticos.
Rechazo de la civilización
El Romanticismo puede entenderse como una impugnación de la civilización, del progreso y, en general, de esa nueva realidad prosaica e inarmónica que estaba siendo alumbrada por la Revolución industrial. El yo romántico se siente escindido o separado del mundo natural, y ansía recuperar la «fusión con la naturaleza» que solo pudo lograrse en la infancia o en el pasado.
Este rasgo, más visible en el Romanticismo inglés o alemán (la poesía de William Wordsworth o de Hölderlin, la pintura de Caspar David Friedrich o la de los británicos John Constable y William Turner), se traduce, con frecuencia, en la recreación de una naturaleza indómita, agreste, en la que aún es posible encontrar la huella de lo sagrado.
Desacuerdo con el mundo
La incapacidad de la realidad para colmar los altos ideales románticos (ansia de libertad, de felicidad, de amor, de plenitud, de absoluto) tiene como consecuencia un profundo desacuerdo con el mundo.
Este sentimiento se expresa a través de diversas actitudes:
• Deseo de evasión. El artista romántico se coblia en su mundo interior (la soledad es un tema característico), en el pasado (la Edad Media, marco de la novela histórica) o en lugares exóticos (Oriente, España, Grecia…), en los que aún no había comenzado el proceso de industrialización.
• Suicidio. Queda establecido como el gesto romántico por excelencia, que aúna la voluntad de evasión de la realidad del Romanticismo y la rebeldia frente al mundo. Abundan los personajes suicidas (don Álvaro, en Don Alvaro o la fuerzo del sino, del duque de Rivas; Eivira, en Macios, de Larra; Leonor, en E/trovador, de
John Dickson
Antonio García Gutiérrez); pero también los escritores: el poeta inglés Thomas Chatterton; el dramaturgo aleman Heinrich Von Kleist; el dramaturgo, poeta v ensayista francés Gérard de Nerval o, en España, Mariano José de Larra.
2.La poesía romántica
En el desarrollo de la poesía romántica en España se distinguen dos periodos marcados, respectivamente, por las figuras de José de Espronceda y de Gustavo
Adolfo Bécquer.
2.I. Primera etapa
Durante el apogeo del Romanticismo (1830-1850) predomina la poesia narrativa.
Se trata, por lo general, de poemas extensos, de tono enfático, con frecuentes exclamaciones, interjecciones e interrogaciones retóricas. Es posible diferenciar
varios grupos:
• La fascinación por la Edad Media tiene como resultado el redescubrimiento de Romancero. A imitación de los romances medievales, el duque de Rivas escribe El moro Expósito (1834), un conjunto de doce romances heroicos (en endecasilabos) en los que recrea la leyenda de los siete infantes de Lara, que en el pasado habia sido objeto de un poema épico perdido y de un ciclo de romances.
• Otros poemas narrativos, como los Cantos del trovador (1840), de José Zorrilla, se basan en leyendas tradicionales, relacionadas con el interés por el folclore. Si la presencia de elementos sobrenaturales (habitualmente un milagro vinculado a una imagen o a un lugar) se corresponde con el gusto por lo irracional, el tras. fondo de fervor religioso se asocia con un Romanticismo de signo conservador.
• La influencia de Lord Byron es decisiva, por último, en los dos grandes poemas narrativos de Espronceda (El estudiante de Salamanca y El diablo mundo), marcados por la reflexión filosófica o moral.
2.2. Segunda etapa
En las postrimerías del Romanticismo, ya en la segunda mitad del siglo xix, la poesía narrativa cede el paso a la poesía lírica. Predominan los poemas breves de tono intimista, en los que se aprecia, sobre todo, la influencia del alemán Heinrich Heine
(1797-1856). Las Rimas, de Gustavo Adolfo Bécquer, y el poemario En las orillas del
Sar, de Rosalía de Castro, son las dos obras más representativas de esta etapa.
3.José de Espronceda
En la producción poética de Espronceda [que cultivó otros géneros, como la novela
-Sancho Saldaña (1834)- o el drama Blanca de Borbón (1836)–] sobresalen las Canciones y los poemas narrativos El estudiante de Salamanca v El diablo mundo.
OBRA POÉTICA
• Canciones. Se trata de poemas dedicados a personajes marginales o rebeldes, que rechazan los valores burgueses de la época. Destacan El mendigo, El reo de muerte, El canto del cosaco, La canción del pirata, A Jarifa, en una orgia y El verdugo.
• El estudiante de Salamanca (1839). Este poema narrativo está protagonizado por Félix de Montemar, un conquistador amoral y sacrilego que, tras seducir y abandonar a dona Elvira, es conducido a la muerte por el alma en pena de la joven. Montemar: encarnación del héroe romántico, se niega a arrepentirse v desafía a la divinidad con una actitud de titanismo o rebeldía satánica.
• El diablo mundo (1841). El anciano Fabio se transforma en Adán, un joven que no tiene recuerdos; el choque entre la inocencia del protagonista y la corrupción de la sociedad evidencia la maldad radical del mundo. La obra consta de una introduccion y siete cantos (el último, incompleto), entre los que destaca el segundo, «Canto a Teresa», una exaltada elegía en la que evoca el desengaño amoroso y la muerte de Teresa Mancha.
4.Gustavo Adolfo Bécquer
Bécquer compuso los ochenta y seis poemas que forman las Rimas (1871) cuando el Romanticismo habia perdido ya vigencia. Sin embargo, su decisiva influencia en autores posteriores (Rubén Dario, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Luis
Cernuda…) convierte la obra del poeta sevillano en el punto de partida de la poesia española moderna.
Las composiciones que integran las Rimas pueden clasificarse en tres grupos: rimas metapoéticas, rimas amorosas y rimas existenciales o filosóficas.
4.1. Rimas metapoéticas
Bécquer desgrana su concepción de la poesía tanto en algunos textos en prosa (la
Introducción sinfónica» del Libro de los gorriones; la reseña a la obra La soledad, de su amigo Augusto Ferrán, y las Cartas literarias a una mujer) como en parte de sus composiciones poéticas:
• La poesía nace del mundo interior del yo, donde habitan los sentimientos, la memoria, la fantasía o el deseo. El lenguaje resulta, sin embargo, insuficiente para expresar o exteriorizar esa intimidad (Rima l).
• Tiene su origen en la inspiración, pero exige un trabajo intelectual, consciente, sobre las palabras. El verdadero poeta es aquel capaz de unir inspiración y razón:
«Con ambas siempre en lucha / y de ambas vencedor, / tan solo al genio es dado / a un yugo atar las dos» (Rima III).
• Constituye una respuesta espiritual frente a una sociedad burguesa que ha perdido el contacto con lo sagrado. De este modo, poeta y poesía se sacralizan («estas ansias me dicen / que yo llevo algo / divino aquí dentro» -Rima VIII-), como último reducto del misterio («mientras haya un misterio para el hombre, /
¡habrá poesia!» –Rima IV-) y del anhelo de trascendencia del ser humano.
• En la sociedad de la época, la intimidad y el sentimiento se asocian a la esfera de lo femenino, mientras que la razón y la vida pública se vinculan a lo masculino.
Como expresión de tal concepción, en Bécquer (y más tarde, en Juan Ramón Jiménez), la poesía se identifica con la mujer. Este es el sentido del célebre verso
«Poesía eres tú!» (Rima XXI).
4.2. Rimas amorosas
Algunos poemas de Bécquer articulan una historia de amor al estilo de los cancioneros renacentistas. Aparecen, así, temas como el deslumbramiento o la turbación ante la presencia de la amada (Rimas X, XVII, XXXII); el beso como expresión de la fusión perfecta de los enamorados (Rimas IX, XXIII, XXIV, XXIX); la fascinación por los ojos o por la mirada de la mujer (Rimas XII, XIII, XIV, XXI); la comunicación etérea, espiritual, entre los amantes (Rimas XVI, XX, XXVII, XXVIII); o el deseo de morir para evitar el sufrimiento (Rimas LXVIII, LIII).
PRINCIPALES CICLOS DE LAS RIMAS AMOROSAS
Se recrea en las Rimas XI, XV y XIX. La amada, que es descrita como un ser
La mujer
ideal
incorpóreo, inaprehensible, puede entenderse como símbolo del mundo interior del yo – de su ansia de felicidad o de plenitud–, que se erige como refugio frente al acoso de una realidad hostil.
Un grupo más numeroso de composiciones (Rimas XXX, XLI, XLII, XLIII,
El despecho
LIlI, entre otras) expresan el sufrimiento o el despecho tras el fracaso
° sufrimiento de la relación. En algunas de ellas se introducen elementos anecdóticos, amoroso
prosaicos, que subrayan el contraste con los poemas del ciclo de la mujer ideal.
4.3. Rimas filosóficas o existenciales
La toma de conciencia de la vanidad o de la falsedad de los ideales – el choque. típicamente romántico, entre mundo interior y realidad – provocan un doloroso desengaño (Rimas LXIX, LXXII), que impregna de pesimismo algunos poemas.
Aparecen, asi, motivos característicos: el yo desarraigado y solitario (Rimo ID); el tedio o la monotonía de una vida sin objeto (Rima LVI); la vida como camino de sufrimiento que se disolverá en el olvido y la nada (Rima LXVI), la indiferencia ante la muerte (Rimas LXI, LXXII); o la fascinación por el misterio de la muerte, que se representa con la imagen de la mujer ideal (Rimas LXXIV, LXXVI).
4.4. Aspectos formales
El estilo de Bécquer resulta coherente con su concepción de la poesía:
• La búsqueda consciente de efectos literarios expresivos se manifiesta en el uso de estructuras anafóricas y paralelísticas muy elaboradas.
• La expresión del mundo interior se traduce en el empleo de símbolos, tomados, generalmente, de la naturaleza (viento, luz, agua, fuego…), al modo de los simbo. listas franceses (Baudelaire, Verlaine, Mallarmé), contemporáneos del autor.
• La voluntad de escribir una poesía intimista se relaciona con la brevedad de los poemas y el uso de la rima asonante, que proporciona sensación de naturalidad.