Evolución Demográfica y Urbana en el Siglo XIX
La evolución económica de España en el siglo XIX influyó significativamente en su demografía. Este período se puede dividir en dos etapas principales:
- Estancamiento (1800-1860): Caracterizado por descensos de precios que perjudicaron el crecimiento económico.
- Crecimiento Rápido (1860-1901): Aunque hubo crecimiento, fue lento en comparación con otros países industrializados de Europa occidental y central, Estados Unidos y Japón (excepto en Cataluña). España se encontraba en la periferia, con una industrialización deficiente, similar a otras regiones de Europa oriental y meridional.
El Régimen Demográfico Antiguo y su Transición
En España, el régimen demográfico antiguo persistió durante gran parte del siglo XIX. Este modelo se caracterizaba por:
- Alta natalidad
- Alta mortalidad
- Crecimiento natural lento o negativo
Las altas tasas de mortalidad, especialmente la infantil (186‰, la más alta de Europa, solo superada por Rusia), eran rasgos distintivos de este régimen. Sin embargo, a finales del siglo XIX, este régimen comenzó a transformarse en el régimen demográfico de transición, donde la mortalidad disminuía y la natalidad se mantenía alta, lo que resultaba en un crecimiento natural más elevado.
Factores de Cambio Demográfico
Este cambio demográfico fue impulsado por varios factores:
- Desamortizaciones: Aumentaron la tierra cultivable, incrementando la producción de alimentos.
- Mejora del transporte: Facilitó la distribución de alimentos, mejorando la higiene y la sanidad, lo que contribuyó a la disminución de la mortalidad y al aumento de la esperanza de vida (de 30 a 35 años).
Crecimiento Poblacional y sus Causas
En comparación con otros países europeos, la población española creció a un ritmo lento, pasando de aproximadamente 11 millones de habitantes en 1800 a algo más de 18 millones en 1900. Las causas de este lento crecimiento fueron:
- Guerras: Las guerras peninsulares (Guerra de Independencia y guerras carlistas) y las coloniales.
- Epidemias: Cólera (1833-1835, 1854-1856, 1885), tifus, fiebre amarilla y enfermedades endémicas como la tuberculosis.
- Crisis de subsistencia: 1856-1858 y 1866-1869.
Cataluña, la región más industrializada, experimentó el mayor crecimiento demográfico del siglo, acercándose al 1% anual, una tasa necesaria para duplicar la población. Este impulso se debió principalmente al aumento de la natalidad en la primera mitad del siglo. A partir de 1850, esta tendencia disminuyó, pero Cataluña, Aragón y Andalucía recibieron un importante número de inmigrantes. La evolución de Cataluña fue comparable a la de Gran Bretaña y Francia, debido a su alta población activa en la industria y el comercio. Barcelona fue la ciudad más poblada.
Migraciones y Éxodo Rural
La emigración a ultramar se intensificó a partir de 1880, exacerbada por la crisis agraria de fin de siglo. Entre 1830 y 1900, 1,4 millones de españoles emigraron, principalmente a Argelia, Argentina, Cuba, Brasil y Uruguay. Además, se produjo un ligero crecimiento urbano debido al éxodo rural.
En 1914, la población española seguía siendo mayoritariamente rural: el 51% vivía en pueblos de menos de 5000 habitantes, el 91% en ciudades de menos de 100000 y el 9% en las principales ciudades (Barcelona, Madrid, Bilbao, Zaragoza, Murcia, Granada, Sevilla, Valladolid y Valencia).
Desarrollo Urbano y Ensanches
Durante el reinado de Isabel II, las ciudades comenzaron a derribar sus murallas para ampliar su perímetro y acomodar a los inmigrantes. La ampliación del centro histórico se denominó ensanche, donde se instalaron las clases acomodadas. Se diseñaron siguiendo un sistema hipodámico, con calles rectas y manzanas cuadradas, inspiradas en el modelo de Haussmann en París. En Barcelona, el plan fue diseñado por Ildefonso Cerdá, y en Madrid, por Carlos de Castro. En 1885, Arturo Soria propuso una ciudad lineal.
Condiciones de Vida en la Periferia
En la periferia, los barrios populares carecían de infraestructuras básicas. Las viviendas, generalmente de alquiler, eran pequeñas, mal ventiladas y propiciaban la propagación de enfermedades como la tuberculosis. El hacinamiento incrementaba la mortalidad. El transporte público, como el tranvía a caballo y, posteriormente, el tranvía eléctrico y el tren metropolitano, conectaba el centro con la periferia. El alumbrado eléctrico también llegó a las ciudades.