España en Crisis: Del Antiguo Régimen a la Guerra de Independencia y el Reinado de Fernando VII

La Crisis del Antiguo Régimen en España

Carlos IV sucedió a su padre Carlos III a finales del siglo XVIII, en 1788. Su reinado supuso el inicio de la crisis del Antiguo Régimen y, por tanto, el fin progresivo de la sociedad estamental, sucediéndose así la transición a la época contemporánea. Carlos IV intentó seguir con el gobierno reformista y autoritario de su padre. Sin embargo, tuvo que enfrentarse a una realidad más compleja, marcada por la Revolución Francesa que, como sabemos, entre sus consecuencias tuvo la ejecución del rey francés Luis XVI.

Fases Iniciales de la Crisis

Primera fase: En un principio, España, desde el gobierno de Floridablanca, persona de confianza ya de Carlos III, intenta evitar el contagio revolucionario, controlando férreamente las publicaciones y personas que cruzaban en uno u otro sentido la frontera entre ambos países.

Segunda fase: Este giro se debe en gran medida a Godoy, que consideró más peligrosa como enemigo potencial de España a Gran Bretaña y su amenaza a las colonias americanas, pareciendo por ello más conveniente la alianza con Francia. España, sin embargo, no está a la altura y se convierte en un satélite de Francia. Así, firma varios tratados de alianza con Francia, renovando de esta manera los pactos de familia, aunque, como veremos, las consecuencias fueron desastrosas.

Guerra de la Independencia Española (1808-1814)

El reinado de Carlos IV, que representa el inicio de la crisis del Antiguo Régimen, había demostrado que era incapaz de hacer frente a los graves y acuciantes problemas que protagonizaba España. España, a pesar de luchar contra la Francia revolucionaria al igual que otras potencias europeas, decide, tras ser derrotada por los franceses, aliarse con ella para combatir a otro enemigo que consideraba más peligroso porque amenazaba desde hacía tiempo las colonias americanas: Inglaterra. Así, Godoy firma los tratados, primero el de San Ildefonso y luego el de Fontainebleau.

Eran muchos los nobles que apoyaban a Fernando VII, lo que le llevó a impulsar el conocido como Motín de Aranjuez. Godoy había creído conveniente trasladar a la familia real fuera de la península ante la inminente amenaza de Napoleón por la entrada de sus generales y tropas. Éste momento fue aprovechado por los nobles simpatizantes de Fernando VII para instigar al resto de la población a asaltar el palacio de Godoy y provocar de esta manera su destitución. Carlos IV se vio obligado a destituir a Godoy y abdicar a favor de su hijo Fernando.

Consecuencias de la Guerra

  • La participación popular a través de las guerrillas, en su mayoría ciudadanos que participan activamente en la guerra, y que suponen un factor sorpresa difícil de combatir por los franceses.
  • La evolución ideológica del país que convoca Cortes con la intención de dotarles de ciertas medidas modernas y dotarlas de una Constitución.
  • La división entre afrancesados, que creen en una oportunidad de cambio con José I, y los absolutistas, que solo quieren el regreso del monarca y su absolutismo.
  • Pérdidas demográficas, abandono de las tierras de cultivo, paralización del proceso industrial, etc.
  • Una acuciante debilidad política que fomentará la emancipación de las colonias americanas.
  • Expolio y destrucción del patrimonio artístico del país.
  • Entrada de Fernando VII.

Tras estos acontecimientos se produce la conocida Guerra de Independencia, que se desarrolla entre los años 1808 y 1814, en la que se crean dos bandos: un grupo partidario de Fernando VII y, por otro lado, los afrancesados españoles partidarios de José I, que cuentan con el apoyo de Francia. Tras los levantamientos populares del dos y tres de mayo en Madrid, se produce una dura represión. La situación era difícil, ya que el reino se encontraba en la península, por lo que para controlar la situación en las zonas no ocupadas se crearon juntas locales que se integraron en juntas provinciales que asumieron la autoridad en nombre de Fernando VII.

Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812

A finales del siglo XVIII se produce de forma progresiva el agotamiento del Antiguo Régimen, caracterizado por una monarquía absoluta, una sociedad estamental y una estructura económica que estaba resultando inoperante en la mayor parte de los países europeos para hacer frente a las crisis políticas y económicas. La Ilustración, el liberalismo y, sobre todo, la Revolución Francesa serán clave para provocar el cambio. El inicio de este proceso lo debemos ubicar en el reinado de Carlos IV y en la Guerra de la Independencia. Precisamente será en el desarrollo de esa contienda bélica cuando surja y se comiencen a implantar las bases del liberalismo español.

Tras los acontecimientos de 1808, el gobierno de España había quedado en manos de un rey extranjero, José Bonaparte, y el país estaba ocupado por un ejército invasor. Para controlar la situación en las zonas no ocupadas se crearon juntas locales que se integraron en juntas provinciales que asumieron la autoridad en nombre de Fernando VII. Desde el primer momento se tiene conciencia de que se parte de una situación nueva, ya que no se reúnen las tradicionales Cortes estamentales, sino que se reúne una sola asamblea en representación de la nación, no del rey.

Grupos Ideológicos en las Cortes

Los diputados representaban tres grupos ideológicos:

  1. Los liberales: Defendían la soberanía nacional, no compartida con el rey, la división de poderes y la igualdad jurídica de los ciudadanos.
  2. Los defensores de la monarquía tradicional: Clero y terratenientes. No querían perder sus privilegios.
  3. El grupo intermedio: Se les denominó los Jovellanistas, que eran los herederos de la Ilustración y de la idea de hacer las reformas desde arriba.

La Constitución aprobada el 19 de marzo de 1812 es por esto que se le conoce como La Pepa. Se trata de una ley fundamental que sienta en gran medida las bases del liberalismo, convirtiéndose en su baluarte frente a las posturas absolutistas. Por tanto, es el primer intento de desmantelar los pilares fundamentales del Antiguo Régimen. La Constitución de 1812 es una constitución típicamente burguesa que acaba con el sistema político, social y económico del Antiguo Régimen para establecer otro de carácter liberal que asegura el control político, intelectual y económico de la burguesía. Cuando regresó Fernando VII, todos los que estaban en contra de la Constitución se unieron al rey para acabar con ella. Su vigencia será, por ello, muy limitada.

Reinado de Fernando VII: Absolutismo y Tensiones Liberales

Una vez derrotado Napoleón, Fernando VII regresó a España e instauró de nuevo el absolutismo, derogando toda la obra liberal de Cádiz. Fernando VII fue recibido con una gran aclamación popular y un grupo de diputados de las Cortes de talante absolutista le presentaron el Manifiesto de los Persas, en el que se animaba al monarca a restablecer las Cortes al modo del Antiguo Régimen.

Fases del Reinado de Fernando VII

  1. Sexenio Absolutista (1814-1820)

    Fernando VII instaura de nuevo el Antiguo Régimen, derogando la obra legislativa de las Cortes. Esto va a producir que Fernando VII gobierne en un clima de permanente inestabilidad política. La institución del ejército tampoco estaba satisfecha con la nueva situación, ya que no fue recompensada tras el esfuerzo de la Guerra de la Independencia. Por último, hay que añadir que la quiebra financiera del Estado no tiene suficiente para sufragar los gastos ordinarios y mucho menos los extraordinarios derivados de la reconstrucción.

  2. Trienio Liberal (1820-1823)

    Uno de estos pronunciamientos tuvo éxito: el del general Riego en enero de 1820, que fue enviado a sofocar las sublevaciones americanas, pero contando con el descontento de las tropas. Así, se mantuvo a Fernando VII en el trono, pero se convocan Cortes para comenzar de nuevo el desmantelamiento de las viejas estructuras del Antiguo Régimen. Los propios liberales se dividieron en dos grupos enfrentados: por un lado, los moderados, partidarios de un gobierno fuerte, y por otro lado, los radicales o exaltados, que querían mantener y buscar una política más progresista. Se retoman las medidas que se llevaron a cabo en el proceso legislativo de 1812. A pesar de todas estas reformas, el país no parecía salir de la crisis económica, y esto lleva a los gobernantes a subir los impuestos, lo que hizo incrementar el descontento popular. Finalmente, la Santa Alianza, que se había configurado en el ya citado Congreso de Viena, decide intervenir en España para colaborar con el Rey.

  3. Década Ominosa (1823-1833)

    Con este nombre se conoce el periodo que transcurre entre el final del Trienio Liberal y el fin del reinado de Fernando VII, de 1823 a 1833, año de la muerte de Fernando, en la que se impuso nuevamente el régimen absolutista. Él consideró ilegales y derogó todos los actos del gobierno liberal. Abolió de nuevo la Constitución de 1812 y persiguió a los liberales. Los absolutistas más radicales mostraron su disconformidad ante estas medidas y generaron una oposición en torno al hermano de Fernando, Carlos, el futuro heredero, con el apoyo de una iglesia recelosa de la pérdida de su influencia. De esta manera, el problema sucesorio se convertirá en una lucha política entre absolutistas y liberales. Surge por la promulgación de la Pragmática Sanción, que anulaba la Ley Sálica. Con esta decisión, Fernando VII desplazaba al hasta entonces heredero, su hermano Carlos María Isidro, lo que motivaría que éste y sus afines, los absolutistas más radicales, iniciaran una serie de protestas y hasta tres conflictos bélicos: las llamadas Guerras Carlistas.