Transformación Demográfica y Social en la España del Siglo XIX
1. Evolución de la Población y Crecimiento Urbano
La población española experimentó un crecimiento significativo durante el siglo XIX, pasando de 11 a 18 millones de habitantes. Este aumento, sin embargo, se vio frenado por factores como guerras, epidemias, alta mortalidad infantil y emigración. Un rasgo clave de este período fue el desplazamiento de la población del campo a la ciudad, aunque el crecimiento urbano fue limitado y constante, especialmente a partir de 1860. Este éxodo rural impulsó el crecimiento de la población urbana, que alcanzó el 16,6% en 1990. Las ciudades experimentaron transformaciones con la construcción de ensanches y ferrocarriles, pero la distribución de la población seguía siendo predominantemente rural, generando un marcado dualismo.
2. Migraciones Transoceánicas
El aumento de la población y la escasez de empleo llevaron a muchos españoles a emigrar a ultramar. Las principales zonas de emigración fueron la cornisa Cantábrica, Canarias y, en menor medida, Cataluña. Los destinos principales fueron países de Latinoamérica, como Argentina, Cuba y Brasil. La emigración a América alcanzó su punto máximo entre 1900 y 1929, siendo los gallegos el grupo más numeroso.
3. De la Sociedad Estamental a la Sociedad de Clases
El siglo XIX marcó el paso de una sociedad estamental a una sociedad de clases, donde la fortuna determinaba el nivel social. Se distinguían:
- Clases altas: Integradas por la antigua nobleza y la alta burguesía. La nobleza, aunque perdió influencia, mantuvo su estatus mediante alianzas matrimoniales y empresariales.
- Clero: Sufrió un fuerte revés con el régimen liberal, perdiendo privilegios y dependiendo de presupuestos estatales. El bajo clero, en muchos casos, apoyó el carlismo.
- Burguesía: Englobaba a empresarios, profesionales liberales y altos funcionarios. Diversificaron sus actividades y obtuvieron grandes beneficios.
- Clases medias: Incluían profesionales liberales, pequeños y medianos propietarios rurales, y comerciantes.
- Clases populares: La mayoría de la población, compuesta por campesinos, obreros industriales, criados y dependientes.
- Clases marginales: Grupos en situación de extrema pobreza y exclusión social.
Las Guerras Coloniales y la Crisis de 1898
1. Antecedentes y Desarrollo de la Guerra de Cuba
El imperio español a finales del siglo XIX incluía Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Cuba era crucial para la economía española por sus productos tropicales y su mercado exclusivo. Durante el Sexenio Democrático, surgieron movimientos autonomistas en Cuba, impulsados por el descontento con la esclavitud y el monopolio español. La Guerra de los Diez Años (1868-1878), iniciada con el Grito de Yara, terminó con la Paz de Zanjón, que otorgó cierta autonomía a la isla. En 1892, José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, fortaleciendo el nacionalismo independentista con apoyo de Estados Unidos.
La insurrección se reavivó en 1895 con el Grito de Baire, dando inicio a la Guerra de Cuba. La represión del general Valeriano Weyler fue brutal. En 1897, tras el asesinato de Cánovas del Castillo, Sagasta intentó una política de autonomía, pero fue demasiado tarde.
2. Intervención de Estados Unidos y el Desastre del 98
En 1898, Estados Unidos entró en la guerra tras la explosión del acorazado Maine en La Habana. La superioridad militar estadounidense llevó a la derrota española en Cavite (Filipinas) y Santiago de Cuba. La Paz de París (1898) significó la independencia de Cuba y la cesión de Puerto Rico y Filipinas a Estados Unidos. España vendió sus últimas posesiones en el Pacífico a Alemania.
La crisis de 1898 tuvo un profundo impacto en España, generando un clima de pesimismo y reflexión crítica, visible en la Generación del 98 y en obras como “Oligarquía y caciquismo” de Joaquín Costa. A nivel político, marcó el inicio del regeneracionismo.
El Sistema Canovista y la Oposición
1. La Restauración Borbónica y la Constitución de 1876
Tras el golpe de Estado del general Pavía, se instauró un régimen militar. Antonio Cánovas del Castillo promovió la restauración borbónica en la figura de Alfonso XII, quien firmó el Manifiesto de Sandhurst (1874), prometiendo una monarquía constitucional. La Restauración se consumó con el pronunciamiento de Martínez Campos.
La Constitución de 1876 establecía:
- Soberanía compartida entre el Rey y las Cortes.
- Amplia declaración de derechos individuales.
- Cortes bicamerales.
- Confesionalidad católica del Estado, con tolerancia de otros cultos en privado.
2. El Turnismo y el Fraude Electoral
Cánovas instauró un sistema de alternancia en el poder (turnismo) entre el Partido Conservador (liderado por él) y el Partido Liberal (liderado por Sagasta). Para asegurar el cambio de gobierno, se recurría al fraude electoral, con la colaboración de los caciques locales y prácticas como el “pucherazo” en las ciudades.
3. La Regencia de María Cristina y la Oposición al Sistema
Tras la muerte de Alfonso XII (1885), su esposa María Cristina de Habsburgo asumió la regencia. Cánovas y Sagasta firmaron el Pacto de El Pardo para garantizar la estabilidad del sistema. La regencia (1885-1902) vio la consolidación del sistema, reformas políticas y la Guerra de Cuba. El asesinato de Cánovas en 1897 marcó el final de una etapa.
La oposición al sistema canovista incluyó:
- Republicanismo: Dividido en varias facciones (federales, progresistas, centralistas y posibilistas), defendía la república, la separación Iglesia-Estado y el sufragio universal.
- Movimiento obrero: Con el PSOE (fundado en 1879) y la UGT (fundada en 1888) como principales organizaciones. Se dividió en dos corrientes: marxismo y anarquismo. El anarquismo tuvo gran arraigo en Cataluña y Andalucía, con acciones violentas como el atentado del Liceo de Barcelona y el asesinato de Cánovas.
- Nacionalismo periférico: Surgió en regiones con lengua propia (Cataluña, País Vasco, Galicia). Reivindicaban su identidad cultural y política, y se oponían a la centralización del Estado. El nacionalismo vasco, con Sabino Arana y la fundación del PNV (1895), fue particularmente relevante. En Galicia, el movimiento se centró en la defensa de su identidad cultural y una mayor descentralización.