Pueblos Prerromanos y Colonizaciones (Hasta el Siglo IV a. C.)
Hacia 1200 a. C. llegan a la península pueblos invasores: astures, galaicos y vascones. Los celtas, situados al norte peninsular, vivían de la ganadería y recolección en castros o recintos fortificados. Los celtíberos, conocidos guerreros (Sitio de Numancia), tenían un gran desarrollo metalúrgico pero desconocían la escritura. Los Tartessos tuvieron un gran desarrollo económico: comercio de metales y alto conocimiento metalúrgico (tesoro de Carambolo). Los Iberos (entre los Valles del Ebro y Guadalquivir) mostraron un alto desarrollo artístico (Dama de Elche), una política de tipo estatal, desarrollo metalúrgico para fabricar armas, y una economía activa (moneda).
Durante el primer milenio a. C. se producen las colonizaciones históricas, pues fenicios y griegos llegan a la península, atraídos por sus metales y con la intención de comerciar sobre todo con Tartessos. Los fenicios fundaron enclaves comerciales como Malaka y Gadir, y tuvieron una gran influencia en la península, trayendo la vid, el cerdo, la escritura alfabética, etc., además de vender productos de lujo a los nativos. Los griegos fundan grandes e importantes colonias como Emporion y Massalia, cultivaron la vid y el olivo, y trajeron el asno y la gallina. Su influencia fue sobre todo en las costas catalanas y levantinas, en cuanto a cultura, lengua e industria. Hacia el siglo IV a. C. los cartagineses fundaron enclaves estratégicos (Cartago Nova) y se hacen con el control del comercio sustituyendo a los Tartessos, interesándose sobre todo por metales como el estaño. Aunque tuvieron una gran influencia en la península, su política militar agresiva hizo que, al intentar invadir Sagunto, Roma les derrotase en el tratado del Ebro en 226 a. C. (2ª Guerra Púnica).
El Reino Visigodo (Siglo V – VIII)
En el 409 penetran en la península pueblos del norte de Europa (suevos, vándalos y alanos). En respuesta, Roma acude a los visigodos, con un pacto por el que se les ofrece territorio al norte de la península ibérica y al sur de Francia, a cambio de expulsar a los invasores. Los visigodos entran dos veces a la península: la primera vez en el 416 y la segunda a mediados del siglo V. Tras ser derrotados por los francos en la batalla de Vouillé (507) se asientan en la península situando la capital en Toledo, siendo el primer pueblo unificado e independiente de la península. Al principio eran una minoría social pero poco a poco se mezclaron con la nobleza autóctona.
Los visigodos tenían un tipo de monarquía electiva (causa de inestabilidad) basada en el “aula regia” (Consejo Real) integrado por nobles y en el “Officium Palatinum” (nobles de máxima confianza). Se lleva a cabo un proceso de integración de los visigodos: Leovigildo acaba de derrotar a suevos y bizantinos, además promueve el uso del latín, el derecho romano y la integración de los visigodos con matrimonios mixtos. Recaredo consigue la unificación religiosa al renunciar al arrianismo en favor del catolicismo (II Concilio de Toledo 589). Los Concilios eran asambleas eclesiásticas que confirmaban las decisiones reales. Por último, Recesvinto consigue la unidad legislativa al establecer el “Fuero Juzgo” basado en el derecho romano (654). El fin del reino visigodo vendrá dado por un conflicto sucesorio, que propiciará la formación de grupos nobiliares rivales y la entrada de los musulmanes a la península (711).
Los Primeros Reinos Cristianos y la Reconquista (Siglos VIII – XV)
En las áreas cantábrica y pirenaica surgieron entre los siglos VIII y X los primeros núcleos y reinos cristianos. El reino Astur surge tras la victoria de don Pelayo en Covadonga (722) que se amplió sobre el valle del Duero, pasando la capital a León. Así se crea el reino de León (siglo X). Castilla era una serie de condados vasallos de León hasta que Ferrán González los unifica logrando una gran autonomía. Navarra, parte de la marca hispánica, surge como reino en el 824, alcanzando su mayor extensión con Sancho el Mayor, que reparte su territorio al morir surgiendo así el reino de Aragón. Los condados catalanes, bajo dominio carolingio, quedan ligados al final del siglo IX a Wilfredo el Velloso y a finales del siglo X se vuelven independientes.
A partir del siglo IX, surge el proceso de Reconquista (seguido del proceso de repoblación) entendido como la ocupación y colonización de tierras conquistadas. Se desarrolla en varias etapas:
- Primera etapa: los reinos cristianos avanzan hasta el Duero, con un modelo de repoblación por iniciativa de los campesinos (presura).
- Segunda etapa: se avanza hasta Toledo aprovechando la debilidad de los reinos de taifas hasta que sean frenados por los almorávides. Se sigue el modelo de repoblación concejil mediante fueros.
- Tercera etapa: durante la creación de los segundos reinos de taifa, se llega hasta el Guadiana, pero se ven frenados por los almohades. Durante el siglo XIII se dan los latifundios mediante las encomiendas de las órdenes militares.
- Por último, tras la batalla de Navas de Tolosa (1212) se acaba con los terceros reinos de taifas, menos con el reino nazarí de Granada que cae en 1492. La repoblación fue mediante donaciones dando lugar a grandes latifundios.
El Reinado de Felipe II (1556-1598)
Felipe II (1556-1598) mantuvo la política belicista de su padre, situando la corte en España y construyó como símbolo de poder El Escorial. España siguió teniendo la hegemonía europea. Gobernó a través de los consejos territoriales y temáticos, creando nuevos; siendo el único vínculo institucional común, el Consejo del Estado. Para agilizar los trámites estaban los secretarios reales. Durante su reinado además cogieron importancia los corregidores y los virreyes. Jurídicamente había chancillerías y audiencias.
Felipe II persiguió en el interior al protestantismo (1558-Pragmática Sanción). En 1567, al prohibir la vestimenta o lengua de los moriscos granadinos, fueron deportados por todo el reino de Castilla. Las alteraciones de Aragón fueron un conflicto entre una monarquía pactista y autoritaria, que acabó con el derecho real de elegir el Justicia Mayor de Aragón.
Su política exterior buscó defender la hegemonía y el catolicismo. Las guerras contra Francia se cerraron con la paz de Cateu Cambresis (1559), consolidando el norte de Italia. El problema con los turcos comenzó a solucionarse tras la batalla de Lepanto (1571). En 1580 Portugal es anexionado. Su primer gran fracaso fue el intento de invasión de Inglaterra (Armada Invencible, 1588). Pero el gran problema fue Flandes, donde el norte calvinista proclamó su independencia en la unión de Utrecht. La unión de Arras (1579), unión del sur católico, estuvo a punto de someter al norte, pero consiguieron consolidar sus posiciones.
Los Austrias Menores: Crisis y Declive (1598-1700)
Se conocen como Austrias menores a los reinados de Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1655) y Carlos II (1655-1700), ya que España pierde la hegemonía y conoce una grave crisis económica y demográfica. Estos reyes gobernaban mediante validos, personas de confianza del rey. El valido de Felipe III fue el duque de Lerma, que basó la hegemonía en la Pax Hispánica (tregua de los 12 años), destacando su expulsión de los moriscos (1609-1610). El principal valido de Felipe IV fue el Duque de Olivares, que trajo un nuevo proyecto: la guerra como clave de política internacional y centralización a nivel interior expandiendo las instituciones castellanas (Gran Memorial-1624) y creando una contribución común al ejército (Unión de Armas, 1626). Esta centralización favoreció la crisis de 1640.
En Cataluña, el descontento del nuevo envío de soldados, el enfrentamiento con los tercios y revueltas como el “Corpus de Sangre”, propiciaron su independencia en 1640, para pasar a ser territorio bajo protección francesa, hasta 1652 cuando regresan con la condición de que se respeten los antiguos fueros. En 1640 Portugal también, descontento con la unión de armas, una mayor presión fiscal y ataques a sus colonias por parte de enemigos de España, provocó que una conjura nobiliaria proclamase al duque de Braganza como rey de Portugal. España tuvo que reconocer su independencia (1668).
Crisis Económica y Social del Siglo XVII
El crecimiento demográfico y económico del siglo XVI dejó una etapa de depresión económica en España. Con Felipe II aparecieron los primeros síntomas de crisis por:
- El coste de las guerras (endeudamiento de la Corona (bancarrotas)).
- La deuda contraída con los banqueros.
- El escaso desarrollo de la agricultura y de la industria.
- El abandono progresivo de los campos y el aumento de los impuestos.
El crecimiento económico se tradujo a finales del siglo en la Revolución de los precios por el aumento de la demanda y la llegada de metales preciosos de América. La crisis se agravó por el descenso demográfico causado por:
- El aumento de la mortalidad (epidemias).
- Las permanentes guerras (levas constantes).
- La expulsión de los moriscos (Felipe III).
- La emigración a América.
El declive económico se manifestó en:
- La caída de la producción agraria por escasez de mano de obra.
- La disminución de la industria textil castellana.
- El atraso técnico.
- Las elevadas cargas fiscales.
- La disminución de metales preciosos.
- La desaparición de pequeños propietarios.
- La concentración de la propiedad sin introducir mejoras.
- El contrabando y la piratería holandesa e inglesa contra la Flota de Indias.
La corona buscó algunos remedios como los arbitrios (impuesto con el que se arbitran fondos para gastos públicos), la emisión de juros (deuda pública), y la adopción de medidas mercantilistas (proteccionistas). La creación de nuevos impuestos, la venta de privilegios nobiliarios o incluso la devaluación de la moneda en 1680 (Real de Vellón) no solucionaron la crisis. El rechazo social de prácticas como el comercio fueron repudiadas como propias de judíos o conversos, y eran estimadas incompatibles con el honor. El aumento del número de clérigos y el abandono de los negocios de la escasa burguesía que prefería invertir en tierras o comprar títulos nobiliarios, fue la respuesta de parte de la sociedad a la situación. España había desaprovechado la buena coyuntura económica quedando relegada económicamente.
La Guerra de Sucesión y el Ascenso de los Borbones (1702-1714)
Carlos II sin descendencia firmó su testamento a favor de Felipe de Anjou y en contra de las condiciones recogidas en el testamento, Luis XIV propició que Felipe V optase a la corona francesa provocando la alarma en las fuerzas europeas. Éstas crearon la Gran Alianza de La Haya que apoyaba al archiduque Carlos. La Guerra de Sucesión (1702-14) se luchó por la hegemonía y el equilibrio de poder en Europa. En 1711 los Borbones aislaron a los austracistas al área catalana. Los borbónicos vencen en Almansa, 1707 ocupando Valencia y Aragón. El archiduque Carlos ocupó Madrid (1710) y fue nombrado rey, pero Felipe V consiguió la victoria decisiva de Villaviciosa.
La salida al conflicto se produjo por la muerte de José I en 1711 que convirtió al archiduque Carlos en el heredero de su Imperio. Así las naciones aliadas variaron su estrategia. Con la Capitulación de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 llega el fin, al mando del duque de Berwick (La Diada: caída de Barcelona y abolición de sus instituciones). Los Tratados de paz de Utrecht (1713) y Rastatt (1714) aceptaron que Felipe V fuera rey de España y de las Indias a cambio de renunciar a la Corona francesa. Las pérdidas territoriales españolas fueron la cesión a Inglaterra de Gibraltar y Menorca, y la cesión a Austria de territorios en Italia y en los Países Bajos. España acordó con Inglaterra el “Asiento de negros” y el “Navío de permiso”. Inglaterra fue el gran vencedor del conflicto obteniendo el dominio marítimo y comercial. España se recuperó gracias al cardenal Julio Alberoni que dirigió la política exterior hasta 1719 como secretario de Felipe V. Isabel de Farnesio buscó en las guerras dinásticas tronos para sus hijos y estados satélites de España. La política belicista generó dos Pactos de Familia con José Patiño. Durante la Guerra de Sucesión, se firmó el primer Pacto de Familia con Francia consiguiendo el Reino de las Dos Sicilias para el futuro Carlos III. El segundo en 1743 implicó a España en el conflicto sucesorio de Austria.
Reformas Borbónicas y Centralización del Estado
Tras la Guerra de Sucesión, España se convirtió en una potencia de 2º orden. El centralismo de la monarquía borbónica favorecía la homogeneidad del territorio. Felipe V introdujo medidas centralizadoras para modernizar el Estado. Así, con el absolutismo monárquico, el rey era el único depositario de la soberanía de origen divino, concentrando todos los poderes. Los Decretos de Nueva Planta sustituyeron las leyes de algunos de los reinos y se estableció la legislación castellana para todos ellos. Todos los territorios quedan unificados en un mismo reino: España, gobernando desde Madrid. Se pierden las conservaciones históricas en los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca y Cataluña, que pasaron a regirse por las leyes y Cortes castellanas.
La organización del Estado sustituyó el sistema consiliar (autoridad iglesia) en un sistema de Secretarías de Estado que absorbían las competencias de los Consejos. Las secretarías más importantes fueron la de Estado, Hacienda, Guerra, Marina e Indias, Gracia y Justicia. Se instituyó la Junta Suprema de Estado que reunía a todos los secretarios de Estado. En la administración territorial se introducen Capitanías Generales que fueron el vértice del poder político y militar. En América se dio una reorganización territorial en virreinatos e intendencias. En el virreinato de Nueva España se crearon capitanías generales de Cuba y Guatemala. Las Intendencias configuran la administración provincial con atribuciones fiscales, judiciales y militares. Intendencia: organiza las fuerzas armadas. Virreinato: división territorial.