El Proceso de Formación de las Cortes y la Constitución de 1812
El Proceso de Formación de las Cortes
Desde el comienzo de la Guerra de la Independencia, las Juntas locales y provinciales enviaron representantes para formar una Junta Central Suprema que dirigiera la guerra. Esta se reunió en Aranjuez, aprovechando la victoria de Bailén. Floridablanca y Jovellanos eran miembros destacados. Se reconoció a Fernando VII como rey y este asumió su autoridad. Huyó a Sevilla y posteriormente a Cádiz. Incapaz de dirigir la guerra, convocó las Cortes. En enero de 1810, la Junta Central se disolvió y fue sustituida por una Regencia de cinco miembros. El proceso de elección de diputados fue difícil y se optó por sustitutos de Cádiz, donde había un ambiente liberal.
La mayor parte de las Cortes estaban compuestas por eclesiásticos, abogados, funcionarios y militares. El grupo más numeroso eran los liberales, que impulsaron la transformación de las Cortes en un órgano constituyente. Utilizaron la guerra para poner fin al Antiguo Régimen. Otros eran los absolutistas, que defendían el sistema tradicional para no perder sus privilegios. Las Cortes de 1810, reunidas en San Fernando, permitieron a los liberales conseguir una cámara única con 100 diputados que pudieron acudir y aprobaron el principio de soberanía nacional.
La Constitución de 1812
Promulgada el 19 de marzo de 1812, este texto legal de las Cortes define el espíritu liberal de la época. La Constitución de 1812 contiene una declaración de derechos del ciudadano, incluyendo la libertad de imprenta y la igualdad ante la ley. La nación se define como el conjunto de ambos hemisferios. Se establece la división de poderes:
- Poder Legislativo: Cortes unicamerales, representativas a nivel nacional. El mandato de los diputados era de dos años. El sistema electoral era el sufragio universal.
- Poder Ejecutivo: El rey interviene en las leyes poseyendo derecho a veto, pero está controlado por las Cortes.
- Poder Judicial: Es competencia exclusiva de los tribunales, con códigos únicos.
La Obra de Cádiz: El Primer Liberalismo Español
La Constitución de 1812, de carácter liberal e inspirada en la francesa, no solo pretendía regular el ejercicio del poder, sino también reordenar la sociedad. Fue elaborada en tiempos de guerra, con el territorio español ocupado por las tropas napoleónicas. Sus legisladores aprovecharon la guerra para elaborar un marco legislativo. Además, aprobaron leyes y decretos destinados a eliminar las trabas del Antiguo Régimen. Se decretó la supresión de los señoríos y se estableció una nueva concepción de la propiedad privada, rechazando las propiedades vinculadas y amortizadas. Se impulsaron ideas liberales como la libre circulación de mercancías y el fin de los gremios. Se abolió la Inquisición. Estas medidas no tuvieron gran incidencia práctica debido a la guerra.
El Reinado de Fernando VII (1814-1833)
El Sexenio Absolutista (1814-1820)
El regreso de Fernando VII planteó el problema del nuevo modelo político (Constitución de 1812). Los liberales tenían sus dudas e hicieron lo posible para que jurara la Constitución. Fernando VII, temiendo un enfrentamiento, inicialmente mostró la voluntad de aceptarla. Sin embargo, con el apoyo del pueblo, recibió el Manifiesto de los Persas (firmado por 69 diputados), que abogaba por la vuelta al Antiguo Régimen.
Fernando VII dio un golpe de Estado mediante el Real Decreto del 4 de mayo de 1814, anulando la Constitución de 1812 y deteniendo a los dirigentes liberales. Se restauraron todas las antiguas instituciones. La situación internacional le fue favorable, con la derrota de Napoleón, el Congreso de Viena y la Santa Alianza. Sin embargo, tuvo que hacer frente a un país destrozado por la guerra y fracasó en su intento de reconstrucción.
El erario público dejó de ingresar por los privilegios del clero y la devolución de tierras, sumado a la no llegada de productos de América y el cierre de las Universidades. La oposición no tardó en surgir, protagonizada por la burguesía liberal, las clases medias y el campesinado (que se negaba a pagar rentas). Hubo una gran represión, pero se produjeron amotinamientos.
El Trienio Liberal (1820-1823)
El 1 de enero de 1820, el coronel Rafael de Riego, en Cabezas de San Juan, se sublevó proclamando la Constitución de 1812. La pasividad del ejército y la actuación de los liberales obligaron al rey, el 10 de marzo, a jurar la Constitución. Se restauraron las reformas que pretendían liquidar el feudalismo en el campo (convirtiendo la tierra en una mercancía más), liberalizar la industria, modernizar la administración y crear la Milicia Nacional (cuerpo armado de voluntarios para mantener el orden).
La oposición de la monarquía, que paralizó las leyes y conspiró con alianzas contra el gobierno, se sumó a la oposición del campesinado, que no veía con buenos ojos las Leyes del Trienio. Los campesinos seguían siendo arrendatarios y la monetización les obligaba a conseguir dinero con la venta de sus productos. Se sintieron más indefensos y pobres. La nobleza tradicional y, sobre todo, la Iglesia, perjudicada por la supresión del diezmo, se unieron a la revuelta. Se alzaron partidas absolutistas (Seo de Urgel) y se enfrentaron entre sí los liberales moderados y exaltados. El Congreso de Verona autorizó la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, que asaltaron Cádiz y pusieron fin al Trienio Liberal.
La Década Ominosa (1823-1833)
Los liberales fueron reprimidos en la llamada Década Ominosa (1823-1833). Se crearon comisiones de vigilancia y se instauró un régimen de terror. La única preocupación del gobierno de Fernando VII fue la economía. Las dificultades de la Hacienda se agravaron por la pérdida de las colonias americanas y la exención de impuestos de los privilegiados. En 1825, el rey adoptó una posición más abierta y nombró a López Ballesteros ministro de Hacienda. Esta decisión fue mal vista por el sector más conservador y tradicional. Fernando VII dejó de perseguir a los liberales. En este clima, Carlos María Isidro (hermano del rey) pretendía el trono ante la falta de descendencia directa. En 1830 nació Isabel, lo que provocó un conflicto sucesorio. La Ley Sálica impedía reinar a las mujeres. Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción para asegurar la sucesión de su hija. Los partidarios de Carlos influyeron en 1832 para que se denegara la Pragmática Sanción cuando el rey enfermó. No era solo una lucha por la sucesión, sino por imponer un modelo de sociedad: Carlos representaba la tradición y el absolutismo, mientras que Isabel representaba el liberalismo y el reformismo.
En 1833, Fernando VII murió reafirmando a su hija Isabel como heredera y nombrando regente a María Cristina. Don Carlos se proclamó rey, dando inicio a la Primera Guerra Carlista.