La Guerra de Independencia Española: Un Conflicto Decisivo

Guerra de la Independencia Española

Causas de la Guerra

Las causas de la Guerra de la Independencia Española se encuentran durante el reinado de Carlos IV y están relacionadas con el estallido de la Revolución Francesa, que había trastocado todo el orden europeo. La revolución estalló en 1789, pero cuando en 1793, los revolucionarios guillotinaron a su rey, la situación se complicó. Carlos IV, que hasta entonces había evitado intervenir, se vio obligado a declarar la guerra a la Francia revolucionaria. Inicialmente hubo algunas victorias, pero pronto llegaron las derrotas que forzaron a pedir la paz (Paz de Basilea), a cambio de firmar varios tratados que convertían a España en aliada de los franceses.

En España, las críticas fueron continuas por el sometimiento a la Francia revolucionaria, la debilidad del Gobierno de Carlos IV y la ineptitud de su valido Manuel Godoy, así como por las derrotas contra los enemigos de Francia (la más importante la de Trafalgar –1805– contra los ingleses). Tres episodios empujaron a España a una guerra:

  • La entrada en España de un ejército francés enviado por Napoleón, según lo acordado en el Tratado de Fontainebleau. Este tratado fue un acuerdo entre España y Francia para invadir Portugal y repartírselo, autorizando el paso de tropas francesas por territorio español.
  • El Motín de Aranjuez. En Aranjuez, la Corte se encontraba cuando el partido cortesano opuesto a Godoy y formado en torno al Príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII, animó un motín que forzó la destitución y encarcelamiento de Godoy y la abdicación de Carlos IV en su hijo. Napoleón aprovechó la crisis para controlar el país.
  • Las Abdicaciones de Bayona, en las que los reyes de España Carlos IV y Fernando VII renunciaron al trono en favor de José Bonaparte, que sería José I de España.

Composición de los Bandos en Conflicto

La Guerra de la Independencia pretendía liberar a España del invasor francés, pero había intereses que iban más allá del enfrentamiento militar, como acabar con el Antiguo Régimen, con el absolutismo de la Monarquía o con los privilegios de la nobleza y el clero. Se pueden señalar estos grandes bandos en conflicto (además del invasor francés):

  • Los Afrancesados: Apoyaron a José I esperando una modernización pacífica y gradual de España. Había ilustrados, liberales y reformistas, aunque también oportunistas.
  • Los Patriotas: Dentro de este grupo se distinguen dos subgrupos:
    • Los Liberales: Rechazaban a los franceses pero compartían las ideas de modernidad.
    • Los Absolutistas: Partidarios del regreso al absolutismo con Fernando VII como Rey de España.

Desarrollo de los Acontecimientos (1808-1814)

En 1808, la presencia masiva de tropas francesas en la península provocó el 2 de mayo un alzamiento popular contra los franceses en Madrid, que se extendió a toda España. La causa fue la salida, por orden de Napoleón, de los últimos miembros de la familia real española, que debían dirigirse a Francia para acompañar a Carlos IV y Fernando VII, retenidos en Bayona.

El levantamiento de Madrid fue reprimido con violencia, y la sublevación contra los franceses se extendió por toda España. La guerra duró hasta 1813, año de la derrota del Imperio Napoleónico. Se pueden establecer tres fases:

  • Primera fase (hasta finales de 1808): Tras el 2 de mayo, hubo una reacción popular con un levantamiento generalizado de cuerpos del ejército y grupos de guerrilleros. Los franceses perdieron el control de buena parte de España.
  • Segunda fase (desde finales de 1808 hasta 1812): Napoleón acudió a España con 250.000 soldados de refuerzo y recuperó la mayor parte del territorio. Los sublevados convocaron Cortes en Cádiz, la única ciudad libre.
  • Tercera fase (de 1812 a 1813): Un ejército inglés, dirigido por el Duque de Wellington, desembarcó en Portugal y, coordinado con los españoles, derrotó a los franceses en la batalla de los Arapiles (cerca de Salamanca). En diciembre de 1813, por el Tratado de Valençay, Napoleón devolvió el trono a Fernando VII.

Características de la Constitución de 1812

La primera Constitución de España fue elaborada y aprobada por los diputados de las Cortes de Cádiz, convocadas en 1810, durante la Guerra de Independencia (1808-1813). Cádiz era la única ciudad española no ocupada por el ejército de Napoleón. La Constitución se promulgó el 19 de marzo de 1812, día de San José, y fue conocida como La Pepa. Casi todos los diputados se agrupaban en torno a dos líneas ideológicas:

  • Los absolutistas: Defensores de la soberanía del Rey, de la monarquía absoluta y de los privilegios de la nobleza y el clero.
  • Los liberales: Partidarios de la soberanía nacional, la división de poderes, la igualdad ante la ley y los derechos y libertades individuales.

Los liberales fueron mayoría debido a que muchos diputados no pudieron llegar a Cádiz y fueron sustituidos por personas de ideología ilustrada y liberal. La Constitución de Cádiz tuvo un carácter ilustrado y liberal, aunque en algunos aspectos, como el religioso, tuvo en cuenta la tradición española.

Características Esenciales

Sus características esenciales son:

  1. Establecía el principio de soberanía nacional. La autoridad suprema residía en la nación, en el pueblo, es decir, en los españoles. Los representantes de los españoles serían elegidos periódicamente por sufragio universal masculino. Los territorios americanos adquirían el estatus de “provincia” y formaban parte de la nación española.
  2. Establecía como forma de gobierno una “Monarquía moderada hereditaria”, no absoluta, con división estricta de poderes:
    • El poder legislativo, es decir, el poder de hacer las leyes, correspondía a las Cortes junto con el Rey. Las Cortes elaboraban las leyes, pero el Rey tenía derecho de veto suspensivo de las leyes durante dos años. El rey no podía impedir la celebración de las Cortes, ni suspenderlas ni disolverlas.
    • El poder ejecutivo, es decir, el poder de gobernar, correspondía al Rey, que presidía el Gobierno. El rey nombraba libremente a sus ministros.
    • El poder judicial, es decir, el poder de juzgar si un acusado es inocente o culpable, correspondía exclusivamente a los tribunales de justicia.
  3. Imponía el fuero único, es decir, la igualdad legal, las mismas leyes para todos, salvo jurisdicciones especiales para eclesiásticos y militares.
  4. Reconocía y garantizaba una amplia serie de derechos y libertades fundamentales del individuo: derecho de voto, reconocimiento de la propiedad, inviolabilidad del domicilio, derecho a la educación elemental (escuelas de primeras letras), libertad de imprenta, etc. y garantías penales y procesales.
  5. Imponía la religión Católica, Apostólica y Romana, “única verdadera”, y “se prohíbe el culto a cualquier otra”. No había libertad religiosa.

Conflicto entre Liberales y Absolutistas durante el Reinado de Fernando VII

El reinado de Fernando VII se caracterizó por la vuelta al absolutismo, con la excepción de un breve periodo de tres años (1820-1823) conocido como Trienio Liberal. Se puede dividir en tres etapas:

El Sexenio Absolutista (1814-1820)

Cuando en 1814 Fernando VII regresó a Madrid, tanto liberales como absolutistas esperaban al monarca. Un grupo de diputados absolutistas presentaron al Rey el Manifiesto de los Persas, instándole a restaurar el Absolutismo y a derogar la Constitución de 1812 y toda la legislación de Cádiz. Fernando VII aceptó la propuesta y derogó la Constitución y los decretos de Cádiz. Comenzó una violenta persecución y represión contra los liberales, que se vieron obligados a exiliarse o refugiarse en la clandestinidad, en sociedades secretas como la Masonería. Pero siguieron conspirando para derrocar el Absolutismo, recurriendo a los pronunciamientos militares.

El Trienio Liberal (1820-1823)

A pesar de la persecución, los liberales intentaron acabar con el Absolutismo de Fernando VII y recuperar la Constitución de Cádiz. En 1820, triunfó el pronunciamiento encabezado por Rafael del Riego, el comandante de las tropas españolas que debían embarcar hacia América para reprimir los movimientos independentistas. En Las Cabezas de San Juan, el 1 de enero de 1820, Riego se pronunció en favor de restaurar la Constitución de Cádiz. Las ciudades más importantes de España y cuarteles militares se adhirieron a la insurrección y Fernando VII aceptó el regreso del Liberalismo. Se recuperó la Constitución de 1812 y se tomaron medidas para desmantelar el Antiguo Régimen. Pero la mayoría de esas medidas no pudieron aplicarse por la obstaculización del Rey y porque los liberales comenzaron a dividirse en dos tendencias:

  • Los moderados o doceañistas: Defendían la herencia de Cádiz, pero aceptaban entenderse con las élites del Antiguo Régimen.
  • Los exaltados o veinteañistas: Eran contrarios al pacto con la antigua élite y partidarios de la revolución.

A partir del verano de 1822, los denominados realistas emprendieron, con la complicidad del rey, acciones violentas para restablecer el Antiguo Régimen. La intervención de un ejército extranjero enviado por las potencias absolutistas de la Santa Alianza, invadió la península en abril de 1823 y con la ayuda de voluntarios españoles terminó con el Trienio Liberal y restauró el Absolutismo en España. Este ejército, mayoritariamente francés, es el conocido como Los Cien Mil Hijos de San Luis.

La Década Ominosa (1823-1833)

Los diez años entre 1823 y 1833 son conocidos como la “Década Ominosa”, que se distinguió por la recuperación del Absolutismo, con la consiguiente persecución y represión de los liberales y constitucionalistas. Rafael del Riego fue condenado a muerte y ejecutado y los liberales más destacados tuvieron que exiliarse.

A partir de 1825, Fernando VII se vio obligado a hacer algunas reformas limitadas, justificadas por la pérdida de los territorios americanos. Esto generó una gravísima crisis económica. Esas reformas no gustaron a los sectores más conservadores y reaccionarios, que se posicionaron con el hermano del Rey, el infante Carlos María Isidro. Los liberales seguían conspirando para derribar el régimen; famosos fueron los intentos del General Torrijos o el de Mariana Pineda, que acabaron ejecutados.