La Restauración Borbónica y el Sexenio Revolucionario en España (1868-1931)

La Restauración Borbónica (1874-1931)

El periodo conocido como la Restauración abarca desde 1874 hasta 1931. Este término se refiere a dos aspectos fundamentales:

  • El marco temporal que incluye el reinado de Alfonso XII, la regencia de María Cristina de Habsburgo y el reinado de Alfonso XIII.
  • El sistema político instaurado a principios del reinado de Alfonso XII, basado en tres pilares: la Constitución de 1876, el turno pacífico de gobierno entre los partidos dinásticos y el bipartidismo. Este sistema se mantuvo hasta la proclamación de la Segunda República en 1931.

La restauración de la monarquía borbónica se produjo por una confluencia de factores:

  • Unión de las fuerzas liberales: Diversos grupos liberales se aglutinaron en torno al proyecto político de Antonio Cánovas del Castillo, que proponía el retorno de la dinastía Borbónica en la figura de Alfonso XII, permitiendo la participación política de todos los sectores liberales.
  • Apoyo político y militar: Un ejército de políticos civiles respaldó el proyecto, posibilitando la formación de un gobierno estable.
  • Amplia propaganda: Financiada por los sectores moderados y con el respaldo intelectual de Cánovas del Castillo, se promovió la figura del rey. Ser alfonsino se puso de moda entre las clases altas, la burguesía y el ejército.
  • Deseo de paz: La población anhelaba la paz tras un periodo de continuas guerras (Tercera Guerra Carlista, Guerra de Cuba) y revoluciones (Sexenio Revolucionario). Alfonso XII se presentaba como garante de la estabilidad, prometiendo unir a los liberales, finalizar la guerra carlista y lograr la paz en Cuba (Paz de Zanjón).

Cánovas del Castillo impulsó la propaganda en favor de Alfonso XII y estableció que el rey fuera el jefe supremo del ejército, requiriendo su firma para los nombramientos militares.

Funcionamiento Político: Turnismo, Bipartidismo y Caciquismo

Antonio Cánovas del Castillo, líder del partido alfonsino (que se convertiría en el Partido Conservador), fue el arquitecto del nuevo sistema de la Restauración. Su obra buscaba satisfacer los deseos generales de paz y estabilidad política, aspirando a dotar a España de un funcionamiento político similar al de otros países europeos, liberado del protagonismo militar característico del siglo XIX español. El modelo de Cánovas se inspiró en el sistema británico, con dos grandes partidos alternándose en el gobierno. Por ello, Cánovas tendió rápidamente la mano a Práxedes Mateo Sagasta, líder del Partido Liberal.

La Aportación de Cánovas: Estado Civil y Pacificación

Las clases burguesas y propietarias anhelaban la paz y la estabilidad. Desde su llegada al poder, Cánovas trabajó en dos frentes principales:

  • La Pacificación: Se puso fin a la Tercera Guerra Carlista. El propio Alfonso XII estuvo presente en el frente, reforzando la tradición militar de la monarquía y su papel como jefe supremo del ejército encargado de los nombramientos militares. Al finalizar la guerra, se reforzó el carácter unitario del Estado, suprimiendo los fueros vascos y navarros. Tras consultar a las provincias afectadas, se estableció el concierto económico vasco-navarro, que otorgaba autonomía fiscal a estas provincias. Dos años después, en 1878, se consiguió terminar la primera fase de la guerra de Cuba con la Paz de Zanjón.
  • La Estabilidad Política y la Constitución de 1876: Cánovas se enfrentó a la división entre los partidarios de la Constitución democrática de 1869 y los defensores de la Constitución moderada de 1845. Su proyecto constitucional buscó la reconciliación. Impulsó una nueva constitución, la de 1876, que intentaba ser una síntesis de las anteriores. Recogía principios como la soberanía compartida (Rey y Cortes) y una amplia declaración de derechos, aunque su desarrollo posterior a través de leyes orgánicas permitió interpretaciones más conservadoras o más liberales. Era una constitución flexible que permitía gobernar tanto a conservadores como a liberales. Establecía la confesionalidad católica del Estado, pero permitía la tolerancia de otros cultos en privado.

Junto a la Constitución, Cánovas instauró el sistema del bipartidismo y el turnismo, que suponía la alternancia pacífica en el gobierno entre el Partido Conservador (liderado por Cánovas) y el Partido Liberal (liderado por Sagasta). Ambos eran partidos de notables, dirigidos por la burguesía y las clases medias, sin ser partidos de masas, lo que se reflejaba en la alta abstención electoral.

El Turno Pacífico

El rey ejercía un papel de árbitro en el sistema del turno. Cuando un gobierno entraba en crisis (por desgaste, división interna o escándalos), el monarca llamaba a formar gobierno al líder del partido que estaba en la oposición. Acto seguido, el nuevo presidente del gobierno recibía del rey el decreto de disolución de las Cortes y convocaba elecciones, que sistemáticamente ganaba gracias a la manipulación electoral.

Sistema Bipartidista, Turnismo y Caciquismo

El rey entregaba el poder alternativamente a los líderes de los dos partidos dinásticos. Sin embargo, este sistema se sustentaba en el fraude electoral y la manipulación, siendo el caciquismo un elemento clave. Cada partido contaba con una red de notables provinciales y locales (caciques) que, de acuerdo con el gobernador civil (nombrado por el gobierno central), elaboraban las listas de candidatos afines al gobierno (el “encasillado“) y se aseguraban su victoria mediante coacción, compra de votos o manipulación de actas. Si en un distrito electoral sólo se presentaba el candidato gubernamental, quedaba electo automáticamente sin necesidad de votación.

Oposición al Sistema

La oposición al sistema de la Restauración provino principalmente de:

  • Nacionalistas y Regionalistas: Se oponían al carácter centralista del Estado. Los movimientos más significativos surgieron en Cataluña y el País Vasco. En Galicia también surgió un movimiento regionalista (Rexurdimento), aunque con menor fuerza política inicial debido a una economía menos desarrollada.
    • El nacionalismo catalán nació inicialmente como un movimiento de reivindicación cultural (Renaixença) y lingüística, derivando posteriormente hacia la reivindicación política, incluyendo la recuperación de autogobierno. La potente burguesía industrial catalana fue un actor importante en este proceso.
    • El nacionalismo vasco tuvo vínculos iniciales con el carlismo, defensor de los fueros. Sin embargo, la transformación económica y social derivada de la industrialización (siderurgia de Bilbao) propició un nuevo enfoque. Sabino Arana fundó el Partido Nacionalista Vasco (PNV) en 1895, con una base inicial más rural y tradicionalista que el catalán, centrado en la defensa de la raza, la lengua (euskera) y las costumbres, y con una fuerte impronta católica y antiliberal. Se separó del carlismo por sus tendencias democráticas posteriores y su enfoque étnico.
  • El Republicanismo: Sufrió la represión en los primeros años de la Restauración y el desencanto de parte de sus bases tras el fracaso de la Primera República. A pesar de sus divisiones internas, compartían puntos básicos: la república como forma de Estado, reformas sociales, fe en el progreso científico y educativo, y laicismo (separación Iglesia-Estado).
    • Partido Republicano Posibilista: Dirigido por Emilio Castelar, era el más moderado y acabó integrándose en el Partido Liberal de Sagasta.
    • Partido Republicano Progresista: Liderado por Manuel Ruiz Zorrilla, confiaba en la insurrección militar para alcanzar el poder.
    • Partido Republicano Centralista: Liderado por Nicolás Salmerón.
    • Partido Republicano Federal: Liderado por Francisco Pi y Margall, era el grupo más numeroso y defendía una república federal proclamada por una revuelta popular.
    El establecimiento del sufragio universal masculino en 1890 facilitó candidaturas republicanas conjuntas que consiguieron algunos éxitos electorales en grandes ciudades, aunque su representación parlamentaria fue siempre reducida. A principios del siglo XX surgieron fenómenos republicanos con gran base popular como el Lerrouxismo en Cataluña (liderado por Alejandro Lerroux y su Partido Radical) y el Blasquismo en Valencia (en torno al escritor Vicente Blasco Ibáñez).

El Sexenio Revolucionario (1868-1874)

En septiembre de 1868 estalló la Revolución Gloriosa. Como otras del siglo XIX, partió de un pronunciamiento militar, esta vez contra el régimen de Isabel II y la dinastía borbónica. Sus protagonistas principales fueron los generales Francisco Serrano y Juan Prim, y el almirante Juan Bautista Topete. Sus antecedentes fueron la crisis económica y política de 1866 y el Pacto de Ostende (1866), donde progresistas y demócratas acordaron derrocar a Isabel II.

La revolución se inició con la sublevación de Topete en Cádiz al grito de “¡Viva España con honra!”. A este lema se unieron casi todas las fuerzas liberales (progresistas, demócratas, unionistas), excepto los moderados isabelinos. También se sumaron los carlistas (esperando una oportunidad para su pretendiente) y los republicanos.

El ejército leal a Isabel II fue derrotado por las tropas revolucionarias al mando del general Serrano en la Batalla del Puente de Alcolea. Madrid se sublevó y la reina partió al exilio en Francia.

Se estableció un Gobierno Provisional (liderado por Serrano, con Prim como figura clave) formado por progresistas y unionistas. Paralelamente, se formaron Juntas Revolucionarias en muchas ciudades, a menudo con fuerte presencia republicana. El ideario democrático común incluía:

  • Sufragio universal masculino.
  • Libertad de asociación y reunión.
  • Libertad de imprenta.
  • Libertad de culto (aunque con tensiones con la Iglesia).

En las elecciones a Cortes Constituyentes (las primeras con sufragio universal masculino), se presentaron diversas candidaturas:

  • Monárquico-demócrata: Coalición gubernamental (progresistas, unionistas, demócratas cimbrios) liderada por Prim, Sagasta, Serrano y Ruiz Zorrilla. Obtuvo la mayoría.
  • Republicana: Con fuerza en el litoral mediterráneo y las grandes ciudades.
  • Carlista: Defensores de su pretendiente al trono.
  • Moderada (isabelina): Con escasos apoyos.

Estas Cortes elaboraron la Constitución de 1869, la más democrática de España hasta entonces. Establecía:

  • España como una monarquía democrática.
  • Soberanía nacional.
  • Amplia declaración de derechos y libertades (incluida la libertad de culto).
  • El Rey como figura representativa con poderes limitados.
  • Las Cortes bicamerales (Congreso y Senado) como centro del poder legislativo.

La Política Económica del Sexenio

Se caracterizó por una orientación librecambista, destacando:

  • El Arancel Librecambista de 1869 (Arancel Figuerola): Obra del ministro de Hacienda, Laureano Figuerola, redujo las tarifas aduaneras para fomentar el comercio y abaratar precios, abandonando el tradicional proteccionismo. Fue apoyado por la Asociación para la Reforma de los Aranceles de Aduanas.
  • La Ley de Minas de 1869: Puso en venta o concesión los yacimientos mineros del subsuelo (propiedad de la Corona), buscando aumentar la recaudación fiscal y atraer inversión extranjera, principalmente británica y francesa.
  • Creación de la peseta como unidad monetaria nacional (1868).

Los Problemas del Sexenio

El periodo fue muy inestable debido a múltiples conflictos:

  • Conflicto con la Iglesia: La libertad de culto y la disolución de la Compañía de Jesús (jesuitas) generaron malestar y oposición de la jerarquía eclesiástica y los sectores católicos.
  • La Guerra de Cuba (Guerra de los Diez Años, 1868-1878): Iniciada con el Grito de Yara, fue el problema más grave. Los terratenientes (hacendados) cubanos se enfrentaron al gobierno español por motivos económicos (deseo de libre comercio, especialmente con EE.UU., y oposición a la abolición de la esclavitud) y políticos (aspiraciones independentistas). La guerra supuso una enorme sangría económica y humana para España.
  • Inestabilidad política y búsqueda de rey: La Constitución establecía una monarquía, pero encontrar un candidato adecuado fue difícil. Debía ser demócrata y no Borbón. La búsqueda tuvo implicaciones internacionales, ya que las potencias europeas recelaban de candidatos que alterasen el equilibrio continental. Finalmente, las Cortes eligieron a Amadeo de Saboya, príncipe italiano de una dinastía considerada liberal. Fue proclamado rey de España como Amadeo I en enero de 1871.
  • Oposición Republicana: Los republicanos, especialmente los federalistas liderados por Pi y Margall, no aceptaron la solución monárquica y protagonizaron levantamientos armados. Defendían un Estado federal construido”de abajo a arrib” a partir de pactos entre regiones o municipios.
  • Oposición Carlista: Se reorganizaron y aprovecharon la inestabilidad para iniciar la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), principalmente en el País Vasco, Navarra y Cataluña.
  • Falta de apoyos a Amadeo I: El rey contó con escaso respaldo. Su principal valedor, el general Prim, fue asesinado poco antes de su llegada a España. La nobleza le dio la espalda (muchos seguían siendo alfonsinos, partidarios del hijo de Isabel II, Alfonso). La Iglesia desconfiaba de la dinastía Saboya (que había despojado al Papa de los Estados Pontificios). Los partidos que debían apoyarle (progresistas, unionistas, demócratas) se dividieron y enfrentaron (luchas entre Sagasta y Ruiz Zorrilla). La burguesía industrial y financiera recelaba de la inestabilidad y las reformas. Los hacendados cubanos se opusieron a cualquier medida abolicionista.

Ante la ingobernabilidad y la falta de apoyos, Amadeo I abdicó en febrero de 1873, abriendo paso a la proclamación de la Primera República Española.