La primera constitución en España fue promulgada en 1812 en un contexto histórico convulso; además, tuvo gran influencia en América como referente al liberalismo. De 1820-1823 fue reinstaurada en el régimen liberal y en 1836 tras el Motín de la Granja.
La Guerra de la Independencia había comenzado tras la ocupación del ejército francés de la península ibérica (1808). El pueblo se sublevó contra el ejército napoleónico, produciendo la fragmentación de los representantes del gobierno y el surgimiento de Juntas locales. Estas ocuparon el vacío de poder y se agruparon formando juntas provinciales, coordinadas mediante la Junta Suprema Central.
Las victorias del ejército francés provocaron la disolución de la Junta Central y su retiro hacia el sur. Se formaron las Cortes de Cádiz, declarando que eran depositarias del poder de la Nacíón (1810): abolieron el régimen señorial y establecieron un debate para la elaboración de una constitución desde 1811.
La constitución de 1812 establecíó la soberanía nacional: aplicada mediante sufragio universal masculino indirecto implantándose un nuevo derecho de representación por el cual los diputados de las Cortes representaban a los ciudadanos de cada territorio y no a los estamentos. Asimismo, establecíó la división de poderes: recayendo el poder legislativo en las Cortes unicamerales, el poder ejecutivo en el rey y su gobierno y el poder judicial en los tribunales de justicia.
Se reconocieron una serie de derechos y libertades individuales como la igualdad ante la ley, la libertad de imprenta, la propiedad privada o la inviolabilidad del domicilio. Implantó un plan de enseñanza primaria obligatoria y declaró la confesionalidad católica de la nacíón como única verdadera.
En cuanto a la organización territorial, el Estado se dividíó en municipios y provincias gobernadas por ayuntamientos y diputaciones electivas. En el ámbito militar, se dictaminó la creación en cada provincia de cuerpos de milicias nacionales con la intención de presentar el orden constitucional y ningún español podría excusarse del servicio militar.
La constitución de 1812 fue el resultado de unas cortes formadas por absolutistas, moderados y liberales. El resultado fue un texto bastante largo, 384 artículos agrupados en 10 títulos y con carácterísticas eclécticas, conservadoras por un lado y progresistas por otro.
Para poder entender plenamente la Constitución de 1869 debemos hacer hincapié en el contexto político y social en el que se redacto.
A partir de 1866, la crisis económica y política se unieron para poner fin a la etapa de prosperidad económica y provocar una inestable situación política. Esto hizo que hacia 1868, una gran parte de la población tuviera motivos para oponerse al sistema isabelino. El Partido Moderado hizo oídos sordos a los problemas del país, por lo que la Uníón Liberal, el Partido Demócrata y el Partido Progresista se unieron para vencer a Isabel II. El levantamiento militar impulsado por estos partidos que contó con un gran apoyo popular provocó el exilio de la reina. Tras esta revolución, llamada Revolución Gloriosa, se instaló un Gobierno Provisional. V para legitimar este proceso revolucionario se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes en las cuales vencíó el Partido Progresista.
Es por esto que las Cortes se reunieron en Febrero de 1869 para redactar una Constitución, que fue aprobada con la abstención de carlistas y de algunos republicanos. En ella se propónía un amplio régimen de derechos y libertades que la perfiló como un documento avanzado a su tiempo. Se caracterizó por establecer la soberanía nacional. Una monarquía parlamentaria en la que el poder de redactar leves correspondía únicamente a las Cortes v e monarca no tenía derecho a veto. Aunque podía interferir en las decisiones del ejecutivo y en la designación de los ministros), y una división de poderes (legislativo (Cortes bicamerales compuestas por el Congreso y Senado), ejecutivo y judicial). Además, incorporó libertades y derechos individuales como el sufragio universal masculino, la libertad de opinión e imprenta, la seguridad personal, la libertad de cultos, la inviolabilidad del domicilio y la correspondencia y los derechos de reuníón y asociación. Por último debemos destacar que se establecíó la elección democrática de ayuntamientos y diputaciones provinciales. La Constitución de 1869 está considerada como la primera constitución democrática de España, ya que otorgaba un gran papel a las Cortes, que fueron a máxima representación de la nacíón. Además se anticipó varias décadas a otros países europeos en cuanto a los logros políticos y sociales alcanzados. Sin embargo, no fue satisfactoria para casi nadie: los republicanos se opusieron al principio monárquico, los católicos a la libertad religiosa y los librepensadores al mantenimiento del culto. Parecía demasiado avanzada para muchos y tímida para otros
El sistema político del turismo fue ideado por el político conservador A. Cánovas del Castillo. Se inició con la etapa de la Restauración de la monarquía borbónica de AlfonsoXII (1874) y finalizó al comenzar la dictadura de Primo de Rivera (1923).Su objetivo político principal era crear un sistema político oligárquico frente a las alternativas del Sexenio Democrático (1868-1874). Debía recuperar los elementos del régimen “moderado” de Isabel II e introducir un sistema bipartidista a semejanza del modelo inglés para garantizar la estabilidad del régimen. Así, se inició el turno dinástico: la alternancia no democrática de dos partidos políticos bajo el arbitrio del rey. Cánovas fundó el Partido Conservador en 1875 y, en 1880, se constituyó, al mando de Práxeles M. Sagasta, el Partido Liberal. Entre los dos partidos se establecíó un acuerdo tácito para respetar la legislación que aprobase cada gobierno y no aplicar medidas rechazadas claramente por el partido en la oposición. Con el sistema canovista, el ejército pasaría a un segundo plano, ya no sería necesaria la insurrección militar para imponer gobiernos. La Constitución de 1876 se caracterizó por el predominio político del monarca. Se reintrodujo la Soberanía compartida entre la monarquía y las Cortes de forma conjunta. Esta dispónía que el Gobierno necesitaba de una doble confianza: la del rey y la del parlamento. Pero, en la práctica, el rey convocaba elecciones y estas se amañaban para que ganase el partido de dicho candidato y asegurar la continuidad política. El bipartidismo para funcionar tuvo que potenciar el caciquismo. Los caciques eran el soporte del fraudulento sistema electoral, ya que conseguían los votos necesarios mediante la corrupción. Los resultados de las elecciones se manipulaban por el ministro de la Gobernación con la connivencia de los partidos dinásticos mediante el encasillado, la cuadrícula con los nombres de los candidatos que debían vencer por cada distrito electoral. Una vez realizado, el Ministerio ponía en marcha a los gobernadores civiles y estos a los caciques locales de cada partido para movilizar a los electores en el sentido debido. En el caso de que el encasillado no fuera suficiente se pasaba al fraude electoral directo, al “pucherazo”: compra de votos, intimidación por parte de grupos armados, colocación de las urnas en lugares inaccesibles, utilización de nombres de electores fallecidos… En estas circunstancias electorales, la abstención fue generalizada y los partidos demócratas desistieron de presentar candidatos en regiones rurales.
El primer texto, cuyo autor es Prat de la Riba, hace referencia al nacionalismo catalán, mientras que el segundo, de Sabino Arana, hace referencia al vasco. El contexto histórico se ubica en la Europa de la 2ª Revolución Industrial, durante el auge del nacionalismo que había surgido como movimiento político liderado por la burguésía y que apostaba por el reconocimiento de las naciones como entidades políticas. En España, acontecieron dos tipos de nacionalismo: el periférico (vasco, gallego y catalán), y el nacionalismo centralista español que dominaba en el régimen político de la Restauración.
Los dos nacionalismos tratados en estos textos se caracterizan por proceder de movimientos regionalistas, es decir, movimientos que no defendían la independencia política pero que abogaban por la defensa de las particularidades de la regíón catalana y de la vasca. Como segunda similitud se puede resaltar su carácter conservador, la burguésía buscaba ganarse el apoyo social de la población. Se trataba de inculcar la pertenencia aun mismo grupo, enfatizar las igualdades por razón de origen nacional en contra del incipiente movimiento obrero que se caracterizaba por recalcar las desigualdades de clase. Ambos nacionalismos periféricos rechazaron la idea de una única nacíón en el Estado español: Cataluña y el País Vasco son naciones con personalidad propia que cuentan con numerosas realidades diferenciales: lengua, derechos históricos (fueros),cultura y costumbres propias. Los principales objetivos de ambos nacionalismos no se verían cumplidos hasta después de la Restauración con la excepción del período en que estuvo vigente la Mancomunidad catalana (1914-1925). Por otro lado, ambos líderes fundaron partidos políticos: Prat de la Riba el partido Uníó Catalanista (1891) y luego la Lliga Regionalista(1901) mientras que S. Arana, el Partido Nacionalista Vasco (1985).En cuanto a las diferencias, una de las principales es el origen histórico de ambos. El nacionalismo vasco estuvo ligado al carlismo por la defensa de los fueros vascos durante el Siglo XIX, mientras el catalán surge a raíz de un movimiento cultural basado en la lengua, la Renaixença. El texto de S. Arana se caracteriza por su radicalismo: independentismo, antiespañol, integrísimo ultracatólico, conservadurismo ideológico, etc. En cambio, Prat dela Riba era partidario de la autonomía dentro de la “organización federativa” de España
El movimiento obrero organizado buscaba la defensa de los derechos de los trabajadores y tuvo sus inicios a principios del s.XIX fruto de la desigualdad existente entre reducidos grupos sociales beneficiados del desarrollo industrial y agrario y el resto de la población cuyas precarias condiciones no parecían mejorar.
Este movimiento tuvo dos etapas: hasta mitad del s.XIX se desarrolló en pocas zonas y su repercusión fue escasa debido a la limitada industrialización del país. Posteriormente, se reconocíó la libertad de asociación y se creó en España la I internacional de trabajadores (AIT). Si bien, más tarde comenzó un periodo de agitación social influenciada por el anarquismo y el socialismo.
El movimiento obrero español se inclínó por el anarquismo y la influencia de la I internacional de trabajadores cuyos miembros madrileños formaron el partido Socialista Obrero Español( PSOE), liderado por Pablo Iglesias. Este partido se desarrolló principalmente en Madrid, Asturias y el país Vasco, contaba con unos ideales marxistas y sosténía que había que aprovechar las oportunidades del sistema parlamentario para acceder al poder. Asimismo, también se fundó la Uníón General de Trabajadores (sindicato del PSOE) que defendíó la acción política para conseguir reformas sociales y laborales, y participar en organismos estatales.
Por otro lado, se creó la Federación de Trabajadores de la Regíón Española, de tendencia anarquista cuyos miembros optaron por atender contra pilares del sistema como forma de luchar por sus derechos. Esto acabó causando una etapa de violencia social, caracterizada por numerosos asesinatos, incendios de cosechas y edificios.
La proliferación de estos atentados aumentó la división del anarquismo que promovíó la creación de organizaciones sindicales. Esto dio lugar a la formación de la Confederación Nacional del Trabajo sindical y la voluntad de derribar el capitalismo mediante boicots y huelgas. Las ideas anarquistas se extendieron sobre todo por Cataluña, Andalucía y Extremadura.
Por último, la falta de un verdadero apoyo político y el miedo a la radicalidad del movimiento acabaron por hacerlo fracasar, pero el afán de tierras continuó y las revueltas se prolongaron durante más de medio siglo.
La expansión de la industria moderna en la España del Siglo XIX se inició en Cataluña en el sector algodonero, cuya producción estaba destinada al mercado y no al autoconsumo. Había muchos empresarios catalanes dispuestos a invertir sus capitales en la industria textil, esto facilitó el paso de una industria manufacturera a una producción industrial.:) Desde finales del Siglo XVIII en Cataluña se empezaron a utilizar las máquinas de hilar inglesas. Tras la Guerra de Independencia {1808-1814}, la producción se reanudó con rapidez, destinando la mercancía al mercado interior. Se comenzaron a introducir nuevos elementos de mecanización para suplir la falta de mano de obra. Pero esta industria se vio limitada por la escasez de carbón y por la debilidad del mercado interior. Por ello se pusieron en funcionamiento políticas proteccionistas, que prohibían la entrada de productos de algodón hilados fuera de España, y permitíó impulsar la industria algodonera catalana.
🙂 La industria siderúrgica española pasó por tres etapas, la andaluza, la asturiana y la vizcaína. Respecto a la andaluza, entre 1830 y 1860 se crearon altos hornos en Málaga, pero fracasaron por la dificultad a la hora de transportar el carbón desde Asturias, por lo que a partir de 1860 se instalaron las fábricas de hierro en Asturias. La industria siderúrgica de Vizcaya (1880) experimentó un crecimiento sostenible a partir de la Restauración. La clave de este éxito estaba en el eje Bilbao-Cardiff(Gales}, Bilbao exportaba acero e importaba carbón de calidad. Pero la inexistencia en España de buen carbón y la demanda insuficiente condicionaron el desarrollo dela siderurgia española.
🙂 Tras la Revolución de 1868, La Gloriosa, la Ley de bases sobre minas {1869}líberó el sector de la minería y se entregó su explotación a diversas compañías, sobre todo inglesas y francesas. Esta liberalización se produjo como consecuencia de la mayor demanda exterior y por el estado ruinoso de la Hacienda Española. El carbón también tuvo un importante desarrollo en Asturias y el hierro en el País Vasco. Debido a la escasa demanda interior, la mayoría de la producción se dedicaba a la exportación a Gran Bretaña, Francia, Alemania y Bélgica, convirtiéndose España en el principal abastecedor de este mineral en Europa. El resultado de todo ello fue un desarrollo industrial limitado y con graves deficiencias; destacaban sólo la industria textil catalana y, desde finales de siglo, la siderurgia vasca. Debido a su poca competitividad en el exterior, se seguía una política proteccionista para que pudiera abastecer al menos al mercado interior. En Cataluña durante el Siglo XIX y el XX se crearon un conjunto de pequeñas unidades urbanísticas ligadas a la industria textil, que permitían a los obreros vivir cerca de su lugar de trabajo. Estas colonias eran propiedad de las empresas y