Restauración Borbónica: Derechos, Partidos Dinásticos y Alternancia Política en España

La Declaración de Derechos en la Restauración Borbónica

La declaración de derechos incluye:

  • Habeas corpus: Ningún español ni extranjero podrá ser detenido sino en los casos previstos en las leyes. Todo detenido será puesto en libertad o entregado a la autoridad judicial a las 24 horas siguientes de la detención.
  • Derecho a la propiedad privada, libertad de residencia y de correspondencia.
  • Obligación de todos los españoles a defender la patria con las armas.

Pero se suprimió la mayoría de derechos individuales (por ejemplo, la libertad de cultos) y el resto se remiten a leyes ordinarias que limitaron su ejercicio.

Se establece la confesionalidad católica del Estado y se mantiene la «dotación de culto y clero» (art. 11), tratando de eliminar el proyecto de Constitución republicana de 1873. Aún así, se permite la práctica privada de otras religiones, con el consiguiente enfado del Vaticano y de algunos políticos españoles como Cándido Nocedal, jefe del Partido Carlista.

La Vida Política y la Alternancia en el Poder

El funcionamiento del sistema político diseñado por Cánovas requería la existencia de dos grandes partidos dinásticos que se alternaran en el poder. Este turno de partidos se cumplió fielmente hasta finales del siglo XIX, cuando la crisis de 1898 puso en jaque al sistema.

Los Partidos Políticos Dinásticos

Era preciso que la izquierda liberal, protagonista de la revolución entre el 68 y el 75, aceptase la nueva monarquía constitucional como portadora de conciliación y transacción. El sistema político diseñado por Cánovas requería la existencia de dos grandes partidos dinásticos que se alternasen pacíficamente en el poder dentro de la misma legalidad. Más que partidos políticos, se pueden considerar camarillas en torno a un líder para ganar las elecciones. Sólo hay dos partidos dentro del sistema: el conservador y el liberal, y no se entiende el uno sin el otro. El resto de las opciones políticas están al margen del propio sistema.

El Partido Conservador, Alfonsino o Canovista

Cánovas había sido el principal dirigente del Partido Alfonsino, que durante el Sexenio Democrático había defendido la restauración monárquica. Tras el regreso de Alfonso XII lo transformó en el Partido Liberal-Conservador, que aglutinaba a los grupos políticos más conservadores (a excepción de los carlistas y los integristas) y que acabó llamándose simplemente Partido Conservador. Fue liderado originalmente por Cánovas del Castillo y después por Silvela, Dato, Maura y Romero Robledo.

El Partido Liberal o Fusionista

El proyecto bipartidista de Cánovas requería otro partido de carácter más progresista, la llamada izquierda dinástica, y él mismo propuso su formación a Sagasta. De un acuerdo entre progresistas, unionistas y algunos demócratas y republicanos moderados nació el Partido Liberal-Fusionista, más tarde conocido como Partido Liberal. Tendrá como líderes a Práxedes Mateo Sagasta, Martínez Campos, Pavía, Canalejas y Camacho. Sagasta atrajo a la izquierda del régimen.

A ambos partidos les correspondía la tarea de aunar a los diferentes grupos y facciones, con el único requisito de aceptar la monarquía alfonsina y alternarse en el poder. Por este motivo, se les conocía como partidos dinásticos.

Conservadores y liberales coincidían ideológicamente en lo fundamental, pero diferían en algunos aspectos y asumían de manera consensuada dos papeles complementarios. Ambos defendían la monarquía, la Constitución, la propiedad privada y la consolidación del Estado liberal, unitario y centralista.

Ideológicamente, los conservadores defienden el sufragio censitario, el orden y, en ocasiones, usan la represión para lograr sus objetivos; partidarios de un cuerpo de libertades y derechos reducidos; defienden ideas como tradición y estado centralista. Por su parte, los liberales defienden el sufragio universal masculino, un amplio corpus de derechos y libertades, un sistema judicial basado en los jurados populares; es menos centralista y anticlerical.

Sus bases sociales eran bastante homogéneas y se nutrían principalmente de las élites económicas y de la clase media acomodada. Ambos eran partidos de minorías de notables, que contaban con periódicos, centros y comités distribuidos por el territorio español. La base social de los conservadores era la alta burguesía, la aristocracia, el ejército, terratenientes y altos funcionarios. Territorialmente es más fuerte en la mitad meridional. Socialmente, el partido liberal tenía sus apoyos en la burguesía media de comerciantes e industriales y en las clases medias urbanas.

En cuanto a su actuación política, las diferencias eran escasas. Los conservadores se mostraban más proclives al inmovilismo político, proponían un sufragio censitario y la defensa de la Iglesia y del orden social. Los liberales defendían el sufragio universal masculino y estaban más inclinados a un reformismo social de carácter más progresista y laico. Pero, en la práctica, la actuación de ambos partidos en el poder no difería en lo esencial, al existir un acuerdo tácito de no promulgar nunca una ley que forzase al otro partido a derogarla cuando regresase al gobierno.