Revolución Francesa y Era Napoleónica: Del Antiguo Régimen al Imperio

Fase 1: El Estallido de la Revolución (Finales Siglo XVIII – 1791)

Causas de la Revolución

Francia, al final del siglo XVIII, se encontraba en una situación de gran inestabilidad debido a múltiples factores:

  • Crisis económica: Derivada de los elevados costes de conflictos como la Guerra de los Siete Años, que provocaron una bancarrota estatal.
  • Crisis agraria: Consecuencia de una serie de malas cosechas a finales de siglo. En un país con una población en constante crecimiento, la escasez de alimentos complicó gravemente la situación.
  • Difusión de las ideas liberales: Las ideas de la Ilustración, con sus críticas al absolutismo monárquico y a la rígida estructura social estamental del Antiguo Régimen, ganaban cada vez más adeptos.

La Convocatoria de los Estados Generales y el Inicio de la Revolución

Ante la negativa de los grupos privilegiados (nobleza y clero) a pagar impuestos para paliar la crisis financiera, en lo que se conoció como la “Revuelta de los Privilegiados”, el rey Luis XVI se vio obligado a convocar los Estados Generales en 1789.

En esta asamblea, el Tercer Estado (representante del pueblo llano) exigió el voto individual en lugar del tradicional voto por estamento. Al ser rechazada su petición, los diputados del Tercer Estado se autoproclamaron Asamblea Nacional el 17 de junio. El 20 de junio, al encontrar cerrada su sala de reuniones, se trasladaron a la sala del Juego de Pelota, donde juraron no disolverse hasta haber redactado una Constitución para Francia (Juramento del Juego de Pelota).

El 9 de julio, la Asamblea Nacional se transformó en Asamblea Constituyente.

La Toma de la Bastilla y el Fin del Antiguo Régimen

La respuesta inicial de Luis XVI fue la concentración de tropas en torno a París y Versalles. La tensión, sumada al descontento popular por la escasez y los rumores de represión, provocaron una revuelta del pueblo de París que culminó con la Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, símbolo del absolutismo real.

Ante estos acontecimientos, Luis XVI se vio forzado a aceptar la autoridad de la Asamblea Constituyente. Esta tomó medidas trascendentales:

  • Decretó la abolición de los derechos señoriales y los privilegios feudales (Noche del 4 de agosto).
  • Proclamó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (26 de agosto), estableciendo principios como la libertad, la igualdad y la soberanía nacional.

Estas acciones supusieron el desmantelamiento jurídico del Antiguo Régimen en Francia.

La Monarquía Constitucional y la Fuga de Varennes

El 20 de junio de 1791, la familia real intentó huir del país (con destino a Austria), pero fueron descubiertos y detenidos en Varennes. Este intento de fuga deterioró enormemente la confianza en el monarca.

El 3 de septiembre de 1791, se aprobó la primera Constitución Francesa. Esta establecía:

  • Una Monarquía Parlamentaria y Constitucional.
  • La separación de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial).
  • Un sufragio censitario (restringido a los ciudadanos varones con cierto nivel de renta).

Tras la aprobación de la Constitución, se disolvió la Asamblea Constituyente y se configuró una nueva Asamblea Legislativa. Esta tuvo que hacer frente a una difícil situación:

  • Persistencia de los problemas económicos.
  • Revueltas contrarrevolucionarias impulsadas por la nobleza y el clero refractario (que no aceptaba la Constitución Civil del Clero).
  • La conspiración del rey, quien buscaba apoyo en las potencias absolutistas europeas para restaurar el Antiguo Régimen.

Fase 2: La Convención y el Terror (1792-1795)

La tensión política y la amenaza de invasión por parte de Austria y Prusia (que apoyaban a Luis XVI) llevaron a la insurrección del 10 de agosto de 1792, el asalto al Palacio de las Tullerías y la suspensión del rey. Se convocaron elecciones por sufragio universal masculino (por primera vez en Francia) para formar una nueva asamblea: la Convención Nacional.

La Convención Nacional, proclamada el 21 de septiembre de 1792, abolió la monarquía y proclamó la República. En ella se distinguían tres grupos principales:

  • Los Girondinos: Liderados por figuras como Brissot, representaban a la burguesía más moderada. Defendían la propiedad privada y un federalismo moderado. Inicialmente controlaron la Convención.
  • Los Montañeses (o de la Montaña): Sentados en la parte alta de la asamblea, eran el grupo más radical. Incluía a:
    • Los Jacobinos: Liderados por Robespierre, eran centralistas y partidarios de medidas radicales.
    • Los Cordeliers: Liderados por figuras como Danton y Marat, más cercanos a los sans-culottes (clases populares urbanas).
  • La Llanura (o el Pantano): El grupo mayoritario, sin una línea política definida, que fluctuaba entre girondinos y montañeses.

La Convención Girondina y la Ejecución del Rey

El primer grupo que controló inicialmente el poder en la Convención fue el de los Girondinos. Bajo la presión de los Montañeses, especialmente los Jacobinos de Robespierre, se procesó a Luis XVI por traición. Fue condenado y ejecutado en la guillotina el 21 de enero de 1793.

El control girondino de la Convención terminó como consecuencia de la creciente inestabilidad:

  • La guerra contra la Primera Coalición europea (formada tras la ejecución del rey).
  • Las revueltas internas, como la famosa sublevación campesina contrarrevolucionaria de La Vendée, alentada por la nobleza y el clero refractario.
  • La presión de los sans-culottes parisinos, descontentos por la crisis económica.

La Convención Montañesa y el Terror

En junio de 1793, un golpe de estado apoyado por los sans-culottes desalojó a los girondinos del poder, que pasó a manos de los Montañeses.

Para proteger la Revolución de las amenazas internas y externas, se crearon instituciones excepcionales:

  • El Comité de Salvación Pública: Concentró el poder ejecutivo.
  • El Tribunal Revolucionario: Encargado de juzgar a los sospechosos de actividades contrarrevolucionarias.

Estas instituciones cayeron bajo el control de los Jacobinos, liderados por Robespierre. También se elaboró la Constitución de 1793, mucho más democrática (incluía el sufragio universal masculino y derechos sociales), pero que nunca entró en vigor debido a la situación de guerra.

Robespierre, con el control del Comité de Salvación Pública y el Tribunal Revolucionario, instauró un periodo de brutal represión conocido como el Terror (1793-1794). Durante este tiempo, miles de personas, incluidos antiguos líderes revolucionarios (como Danton o Hébert), fueron acusados de traición y guillotinados.

El temor a la dictadura de Robespierre y el fin de las amenazas militares más acuciantes llevaron a que sus enemigos dentro de la Convención se unieran. Dieron el Golpe de Estado de Termidor (27 de julio de 1794), que acabó con el periodo del Terror y llevó a la ejecución de Robespierre y otros líderes jacobinos.

El Directorio (1795-1799)

Tras la caída de Robespierre, se inició un periodo de reacción moderada. En 1795 se aprobó una nueva Constitución (la del Año III), que establecía:

  • Un poder ejecutivo colegiado, el Directorio, formado por cinco miembros.
  • Un poder legislativo bicameral (Consejo de los Quinientos y Consejo de Ancianos).
  • Un sufragio claramente censitario, mucho más restringido que el de 1791.

Este nuevo periodo, conocido como el Directorio, tuvo que hacer frente a numerosos problemas:

  • Inestabilidad política interna (intentos de golpes de estado tanto realistas como jacobinos, como la Conspiración de los Iguales de Babeuf).
  • Crisis económica y financiera.
  • Continuación de la guerra contra las potencias europeas.

En el exterior, Francia obtuvo importantes victorias militares contra la Primera Coalición, destacando las campañas en Italia dirigidas por un joven general, Napoleón Bonaparte. Se firmó la Paz de Basilea (1795) con Prusia y España, aunque la guerra continuó con Austria y Gran Bretaña.

La inestabilidad crónica del Directorio y el creciente prestigio militar de Napoleón propiciaron el Golpe de Estado del 18 de Brumario (9 de noviembre de 1799). Napoleón Bonaparte puso fin al Directorio, dando paso a la época del Consulado (1799-1804).

El Consulado (1799-1804)

Napoleón impulsó la redacción de una nueva Constitución (la del Año VIII) en 1799. Esta establecía un poder ejecutivo fuerte, concentrado en la figura del Primer Cónsul, cargo que asumió el propio Napoleón, acumulando amplios poderes (aunque formalmente el poder legislativo residía en varias asambleas, estaban supeditadas al ejecutivo).

En 1802, una nueva reforma constitucional le convirtió en Cónsul Vitalicio. Finalmente, en 1804, culminó su ascenso al poder al ser coronado Emperador de los Franceses por el Papa Pío VII en la catedral de Notre Dame de París.

Fase 3: La Era Napoleónica (1804-1815)

El Imperio Napoleónico: Consolidación Interna y Expansión Exterior

El 2 de diciembre de 1804, Napoleón Bonaparte fue coronado como Emperador.

A nivel interno, el periodo napoleónico se caracterizó por:

  • La consolidación de muchas conquistas revolucionarias moderadas.
  • La promulgación del Código Civil (o Código Napoleónico) en 1804, que unificaba la legislación francesa y consagraba principios como la igualdad ante la ley, la propiedad privada y la libertad individual.
  • Un amplio programa de reformas administrativas (centralización, creación de prefecturas), educativas (liceos) y económicas (Banco de Francia).
  • El desarrollo de infraestructuras.

Después de conseguir la pacificación interna de Francia, Napoleón se centró en la política exterior, con el objetivo de crear un gran Imperio europeo bajo la hegemonía francesa. Su principal y persistente enemigo fue Gran Bretaña, pero también se enfrentó a sucesivas coaliciones formadas por potencias como Austria, Prusia y Rusia.

Las Guerras Napoleónicas

En Europa, Napoleón se enfrentó a la Tercera Coalición (1805), formada principalmente por Gran Bretaña, Austria y Rusia. Contó con el apoyo de España (la alianza no era por los Pactos de Familia del siglo XVIII, sino por acuerdos posteriores).

La coalición franco-española sufrió una derrota naval decisiva contra la flota británica, liderada por el almirante Nelson, en la Batalla de Trafalgar (octubre de 1805). Esta derrota aseguró la supremacía marítima británica.

Sin embargo, en tierra, Napoleón demostró su genio militar. Obtuvo victorias aplastantes como Austerlitz (diciembre de 1805) contra austriacos y rusos, lo que llevó a la disolución de la Tercera Coalición y consolidó su control sobre gran parte del continente europeo.

Para doblegar a Gran Bretaña, Napoleón decretó el Bloqueo Continental, prohibiendo el comercio con las islas británicas a sus aliados y los países conquistados. Con el objetivo de reforzar este bloqueo y controlar Portugal (aliado británico), firmó el Tratado de Fontainebleau con España en 1807, que permitía el paso de tropas francesas por territorio español.

El Declive y la Caída de Napoleón

La ocupación francesa de España, más allá de lo pactado en Fontainebleau, y la imposición de José Bonaparte como rey, provocaron el levantamiento popular del 2 de mayo de 1808 en Madrid. Este evento marcó el inicio de la larga y sangrienta Guerra de la Independencia Española (1808-1814), que supuso un enorme desgaste para el ejército napoleónico.

La desastrosa campaña de Rusia en 1812 debilitó fatalmente al Gran Ejército francés. Una nueva coalición europea derrotó a Napoleón en la Batalla de Leipzig (1813). Ante la invasión de Francia, Napoleón se vio obligado a abdicar en abril de 1814 (Tratado de Fontainebleau de 1814). Fue desterrado a la isla de Elba.

Sin embargo, en marzo de 1815, Napoleón escapó de Elba y regresó a Francia, tomando nuevamente el poder en París. Este breve periodo es conocido como el Imperio de los Cien Días.

Las potencias europeas reaccionaron rápidamente. Napoleón fue derrotado definitivamente en la Batalla de Waterloo (18 de junio de 1815) por las fuerzas aliadas dirigidas por Wellington y Blücher. Tras esta derrota final, fue deportado a la remota isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur, donde murió en 1821.