Cicerón y la Defensa del Estilo
Cicerón criticaba tanto los discursos basados únicamente en artificios retóricos como las concepciones, como la estoica, que en beneficio del contenido descuidaban la forma. Su estilo fue objeto de controversia, especialmente por parte de la escuela aticista, quienes defendían una expresión austera y sin excesivos adornos. Acusaban a Cicerón de un estilo asianista, recargado de figuras retóricas. Frente a estas críticas, Cicerón defendía la necesidad de adaptar el estilo a las diferentes partes del discurso y a los distintos tipos de discurso (judicial, epidíctico, etc.).
La Persistencia del Legado de Cicerón
Cicerón se convirtió en el máximo modelo de la prosa artística clásica, influyendo en autores como Tito Livio. En el Renacimiento, escritores como Fray Luis de Granada emularon su estilo. La prosa ciceroniana marcó la diplomacia durante siglos, y su influencia se extendió incluso a las lenguas modernas. Mientras algunos autores como Gracián, Milton, Montaigne o Pascal lo consideraban artificioso, otros como Addison, Bossuet, Burke o Gibbon lo adoptaron como modelo. Más allá del estilo, la política y la filosofía occidentales se nutrieron de su pensamiento. Cicerón creó un lenguaje filosófico y científico que aún hoy perdura.
Quintiliano y la Retórica en la Época Imperial
Tras la caída de la República, la oratoria perdió su importancia política, decayendo hasta convertirse en un mero ejercicio escolar. Cicerón se erigió como referencia para los estudiantes de retórica, generando debates entre sus defensores y detractores, como Séneca. Quintiliano, autor de la Institutio Oratoria, defendió el modelo ciceroniano, reconociéndolo como la máxima autoridad en retórica.
Aunque Quintiliano coincidía con Cicerón en muchos aspectos, existía una diferencia fundamental: su obra era más didáctica que teórica, centrada en la formación del orador. Para ello, reinterpretó algunas ideas de Cicerón, adaptándolas a un contexto escolar. Mientras Cicerón valoraba la formación filosófica, Quintiliano priorizaba la retórica como formadora del orador.
La Influencia de Quintiliano
La obra de Quintiliano influyó en autores de retórica de todas las épocas, especialmente durante los siglos XV-XVII. Su sistema de enseñanza se mantuvo vigente hasta finales del siglo XVIII, cuando el Romanticismo menospreció la retórica.
Otros Autores Relevantes
- Marco Anneo Séneca el Retórico: Autor de Controversiae y Suasoriae, recopilaciones de ejemplos de argumentación discursiva.
- Cornelio Tácito: En su Dialogus de oratoribus, compara la elocuencia republicana con la de su época, en decadencia.
- Plinio el Joven: Autor del Panegírico de Trajano, con un estilo influenciado por Cicerón.
- L. Apuleyo: Autor de Apología y Florida, obras de carácter apologético y declamatorio.
- Aurelio Simmaco: Último gran orador latino pagano, defensor de las tradiciones romanas frente al cristianismo.
La Técnica Oratoria
La retórica griega influyó en los primeros tratados latinos, como la Retórica ad Herennium y el De inventione de Cicerón. Estos tratados establecían las normas para la composición de discursos, detallando las actividades del orador (oratoris officia):
- Inventio: Búsqueda de argumentos.
- Dispositio: Ordenación de los materiales.
- Elocutio: Forma verbal del contenido.
- Memoria: Recuerdo de los elementos.
- Actio: Forma externa, entonación, gestos.
Se establecieron tres tipos de discurso (genera causarum): demostrativo, deliberativo y judicial. La estructura del discurso constaba de cinco partes:
- Exordium: Introducción.
- Narratio: Exposición de los hechos.
- Confirmatio: Argumentación.
- Refutatio: Rechazo de los argumentos del adversario.
- Peroratio: Conclusión emotiva.
Escuelas Oratorias
- Aticista: Estilo sobrio y conciso.
- Asianista: Estilo recargado y ampuloso.
- Rodia: Estilo equilibrado que buscaba la brillantez sin excesos.