La Poesía del 39 a Nuestros Días
Desde 1939 hasta la transición democrática, la vida española estuvo marcada por el control y la ideología del régimen franquista. En los primeros años de la posguerra prevaleció el silencio y la censura tanto política como moral. En la década de 1950, se abrieron los intereses colectivos de la sociedad, el “nosotros”. En los años sesenta, y hasta 1975 continuaron las detenciones. Desde 1976, un año después de la muerte de Franco, se inició la transición a la democracia.
La Poesía en los Años 40
En los años 40, los autores que reflejan las consecuencias de la guerra son conocidos como la Generación del 36. Hubo una rehumanización de la poesía, con preocupaciones individuales y sociales. Se distingue la poesía arraigada, con una visión armónica del mundo, formas métricas clásicas como el soneto, y reivindicación de los clásicos de la literatura española. Destaca Luis Rosales con La casa encendida, y Dionisio Ridruejo. Por otro lado, los poetas desarraigados son pesimistas, expresan un sentimiento de angustia y perciben la realidad como un caos, utilizan un tono dramático y un lenguaje directo con verso libre. Sobresalen Dámaso Alonso con Hijos de la ira y Vicente Aleixandre con Sombra del paraíso. Por último, en la etapa del exilio, abordaron el desarraigo y la nostalgia por la patria perdida, siguiendo caminos más personales, despuntan Alberti y León Felipe.
La Poesía en los Años 50
En los años 50 se desarrolló una poesía social colectivista. Se enfoca en la masa y busca convertirse en una herramienta de transformación social, con una ideología de izquierdas y tono pesimista. El estilo es, en general, sencillo, condicionado por la intención comunicativa, con un tono llano y registro coloquial, que puede resultar monótono. Se distinguen Blas de Otero, con una poesía metafísica, con Ancia, y social con Pido la paz y la palabra; y Gabriel Celaya que se expresaba con un lenguaje intenso y combativo, destaca Cantos íberos.
La Poesía en los Años 60
En los años 60 aparecen autores que abandonaron la poesía social, “del nosotros al yo”. Se les conoce como generación del 50, ya que todos eran niños durante la Guerra, de orígenes burgueses e hicieron un homenaje a Antonio Machado en Collioure. Comparten algunas características, por un lado, el enfoque humanista, con la reflexión formando parte de la experiencia; y el distanciamiento irónico o paródico. El estilo es coloquial, pero muy elaborado, con influencias extranjeras. Se agrupan respecto a dos ciudades, Madrid y Barcelona. En Madrid descollaron José Hierro con Libro de las alucinaciones, y Claudio Rodríguez con Don de la ebriedad, además de Ángel González y José Ángel Valente. En Barcelona brillaron Jaime Gil de Biedma con Las personas del verbo, y José Agustín Goytisolo con Palabras para Julia, colateralmente publicó Gabriel Ferrater en catalán.
Los Novísimos
Los novísimos son conocidos con este nombre, puesto que surgen de la antología Nueve novísimos poetas españoles, de Josep María Castellet. También se les llama venecianos, por la ambientación de sus poemas en escenarios lujosos de Venecia. Hacen referencia a otras disciplinas artísticas, como cine o teatro. Mezclan lo culto y lo popular, con un estilo preciosista, que busca las palabras y expresiones bellas. Es una poesía exenta de todo realismo y presión social. Destacan Pere Gimferrer con Arde el mar, Guillermo Carrero con Dibujo de la muerte, Leopoldo María Panero y Ana María Moix.
La Poesía a Partir de 1975
A partir de 1975, con la muerte de Franco, el final de la censura y el crecimiento económico, se crearon multitud de editoriales y de premios literarios. Se multiplicaron el número de autores y escuelas poéticas. Dentro de la gran variedad, destacan: la poesía de la experiencia, caracterizada por su enfoque realista y su lenguaje natural y accesible; y la poesía del silencio, que medita sobre la naturaleza de la poesía, influenciada por la poesía mística. En la primera destacan Luis García Montero con Habitaciones separadas, y Carlos Marzal. En la poesía del silencio sobresalen Jaime Siles o Ada Salas.
El Teatro del 39 a Nuestros Días
El teatro de posguerra se vio afectado por el exilio y la rígida censura. Algunos autores optaron por autocensurarse. La penuria económica obligó a apostar por obras acordes con los gustos del público, mayoritariamente burguesía, afín al franquismo, cuyo objetivo era el entretenimiento. El teatro costumbrista se centra en problemas de la clase media, con un tono crítico que no sobrepasa límites. Los valores del régimen defienden el franquismo, catolicismo y la unidad nacional. Los temas son fundamentalmente amorosos y económicos, con diálogos muy bien construidos y en ambientes interiores lujosos. El autor más importante es Alejandro Casona con obras como La barca sin pescador y La dama del alba. Jardiel Poncela hizo un teatro de humor irracional, despuntan Eloísa está debajo de un almendro y Cuatro corazones con freno y marcha atrás. Miguel Mihura destacó con Tres sombreros de copa.
El Teatro en la Década de los 50
En la década de los 50 se intentó renovar el teatro y manifestar su oposición al franquismo haciendo una crítica de la situación social y política. Las obras son dramáticas y casi trágicas, generalmente centradas en las clases más humildes. Por todo esto, choca con la censura y se metieron en la polémica del posibilismo, que consistía en publicar acatando la censura o no regirse por ella, pero no publicar. Antonio Buero Vallejo, posibilista, inauguró el teatro existencial con Historia de una escalera. Se pueden distinguir dos facetas: las obras contemporáneas como El tragaluz; y las obras históricas, donde plantea un conflicto histórico con un personaje real, pero habla de la realidad actual, tales como Las meninas o Un soñador para un pueblo. Alfonso Sastre, no posibilista, escribió contenido crítico fuerte y claro, como Escuadra hacia la muerte. Laura Olmo escribió dramas populares de tema social, con personajes humildes, su obra fundamental es La camisa.
El Teatro en la Década de los 60
En la década de los 60 continúa activo el teatro comercial de Mihura, Antonio Gala y Ana Diosdado. Surge el teatro experimental, con influencias del teatro europeo, concretamente el teatro absurdo francés, sobresalen Beckett e Ionesco. Se caracteriza por atribuir una gran trascendencia a lo paratextual. Entre los autores más destacados se encuentra Fernando Arrabal, aborda la imposibilidad de la comunicación y creó el teatro pánico, destacan El triciclo y El cementerio de automóviles. Francisco Nieva optó por obras metateatrales, como Malditas sean Coronada y sus hijas o Sombra y quimera de Larra.
El Teatro a Partir de 1975
A partir de 1975, con la muerte de Franco, el final de la censura y el crecimiento económico, el teatro se desarrolló con un clima de libertad creativa, donde surgieron varias compañías teatrales, algunas estatales y otras independientes. En Barcelona destacan Els Jogans y Els Comediants. Se multiplicaron el número de autores y escuelas teatrales. Dentro de la gran variedad, sobresalen Sanchis Sinisterra con ¡Ay, Carmela! ambientada en la Guerra Civil; Luis Alonso de Santos con comedias urbanas, como Bajarse al moro, ambientada en Madrid; Juan Mayorga con temas filosóficos; y Paloma Pedrero. Actualmente, el teatro ha evolucionado para incluir formas de entretenimiento como los musicales, como El rey león o El fantasma de la ópera, que combinan música, baile y drama para contar historias y proporcionar experiencias emocionales y visuales intensas para el público.