Evolución del Teatro y la Narrativa en España: Desde la Posguerra hasta la Democracia

El Teatro Posterior a 1936

Teatro en los Años 40

Condicionado por el asesinato de Federico García Lorca, la muerte de Valle-Inclán y Unamuno, y el exilio de Jacinto Grau, Max Aub o Alejandro Casona, los nuevos autores se ven desprovistos de figuras de referencia capaces de impulsar un teatro innovador. El férreo control de la creación escénica ejercido por la censura franquista hace imposible la aparición de un teatro que refleje la realidad del país o invite a la reflexión. El teatro de la primera posguerra tiene rasgos compartidos como la preferencia por la comedia y un carácter evasivo o escapista.

Comedia Burguesa

En los años 40 se desarrolla un teatro amable e intrascendente, dirigido a un público burgués, que toma como modelo a Benavente. Representantes: Jacinto Benavente, Juan Ignacio Luca de Tena, Joaquín Calvo Sotelo, José López Rubio, Víctor Ruiz Iriarte y Edgar Neville. Teatro convencional e ideológicamente conservador, pretende entretener al espectador y no hay menciones de la Guerra Civil ni a circunstancias sociales o políticas. Presenta cualidades formales por las que se denomina teatro bien hecho. Puede relacionarse con comedias ligeras y refinadas. El tema es la búsqueda de la felicidad, la infelicidad y los celos, la oposición entre lo español y lo extranjero, el triunfo de los buenos sentimientos o el autoengaño para evitar el sufrimiento. Algunos autores escriben dramas morales o tesis, como “La Muralla” de Calvo Sotelo.

Comedia del Disparate

En años anteriores a la Guerra Civil en España cuajó una fórmula dramática denominada comedia del disparate, cultivada en la primera posguerra. Principales dramaturgos: Enrique Jardiel Poncela, Miguel Mihura. En sus obras destacan el humor absurdo, de raíz vanguardista, ajeno a la realidad.

Miguel Mihura

Fundador y director entre 1941-1944 de la revista de humor “La Codorniz”. Madrileño, autor de “Tres sombreros de copa”, obra fundacional de la comedia del disparate, escrita en 1932, pero que no se estrenó hasta 1952. Ensaya diferentes mecanismos de comicidad: acumulación de objetos inútiles, juegos con el lenguaje, encadenamiento de situaciones disparatadas. La ruptura con la lógica permite emparentar “Tres sombreros de Copa” con el teatro del absurdo, aunque la obra de Mihura carece del fondo filosófico existencialista característico de dramas de Ionesco o Beckett. Otras obras son “¡Sublime decisión!”, “Melocotón en almíbar”, “Maribel y la extraña familia”, “Ninette y un señor de Murcia”.

Enrique Jardiel Poncela

Sus obras anteriores a la Guerra Civil, donde se aprecian las características de su propuesta teatral, presentan tres diferencias con respecto al teatro cómico de Arniches, los Quintero o Muñoz Seca: incorporación de sucesos inverosímiles o fantásticos; búsqueda de comicidad basada en la agudeza verbal y la creación de situaciones insólitas, apelando a la inteligencia del espectador; eliminación de elementos castizos o costumbristas. Poncela siguió escribiendo con éxito desigual, como “Eloísa está debajo de un almendro”. Su adhesión al régimen de Franco le granjeó la enemistad de los exiliados, cuyas protestas ocasionaron el fracaso de su gira por Hispanoamérica en 1944.

Teatro en el Exilio

Tres grandes dramaturgos españoles en el exilio son:

Rafael Alberti (1902-1999)

Antes de la guerra escribió piezas experimentales como “El hombre deshabitado”, una especie de auto sacramental de carácter alegórico que comparte con el poemario “Sobre los ángeles” una visión angustiada de la existencia. En el exilio compuso dos obras más perdurables: “El adefesio” y “Noche de guerra en el museo del Prado”.

Alejandro Casona (1903-1965)

Durante la República dirigió el teatro del pueblo, con el propósito de difundir el teatro clásico. En 1937 marchó al exilio, pero ya había publicado “La sirena varada” y “Nuestra Natacha”. Fuera de España escribió dramas como “Prohibido suicidarse en primavera”, “La dama del Alba”, “La barca sin pescador” o “La casa de los 7 balcones”. La guerra y el exilio no alteran los planteamientos estéticos o temáticos de sus obras de preguerra. Su teatro, cargado de poesía y misterio, presenta los siguientes rasgos:

  • Conflicto entre fantasía y realidad: en algunas de sus obras los personajes intentan vivir en un ámbito de ilusión o ensueño para defenderse de la amargura de la existencia; aceptarán que es preciso zambullirse en la realidad para alcanzar la felicidad.
  • Presencia de personajes alegóricos: como “El diablo” o “la muerte”.

Max Aub (1903-1972)

Escribió en el exilio sus principales obras dramáticas, donde destaca la tragedia “San Juan”. Transcurre durante poco más de un día en un carguero donde viaja un contingente de judíos que huyen de los nazis en busca de un puerto donde desembarcar. No reciben autorización y el barco naufraga en alta mar. La obra denuncia la pasividad e inhibición de las potencias occidentales ante la tragedia de los desterrados.

Teatro Comprometido de los Años Cincuenta

En España surge un teatro comprometido con la realidad social y política del país, que oscila en dos polos: el posibilismo de Antonio Buero Vallejo, donde se inscriben dramas con interpretación simbólica que pretenden inquietar o desasosegar al espectador, interrogando sobre sus circunstancias vitales; y el teatro de agitación de Alfonso Sastre, cuyos dramas tienen una denuncia explícita de injusticias sociales y la situación política de España.

Antonio Buero Vallejo (1916-2000)

Autor más destacado de la segunda mitad del siglo XX en España. Su teatro pretende que el espectador tome conciencia, sin autoengaños, de la trágica condición del ser humano, arrojado a una existencia presidida por el dolor e incertidumbre. Sus obras admiten una lectura en clave social, como una crítica de la realidad española, marcada por la miseria, la ignorancia y la falta de libertad. Buero, condenado a muerte tras la guerra y compañero de presidio de Miguel Hernández, estrenó su primera obra, “Historia de una escalera”, en 1949. Comenzó una dilatada carrera que incluye casi 30 obras donde emplea:

  • Uso de personajes históricos que fracasan en su empeño por alcanzar una sociedad más justa y libre, para reflexionar sobre el presente: “Un soñador para un pueblo” (Esquilache); “Las Meninas” (Velázquez); “El sueño de la razón” (Goya); “La detonación” (Larra).
  • Presencia de elementos simbólicos, como en “En la ardiente oscuridad”.
  • Efectos de inmersión, que sitúan al espectador en la conciencia de los personajes, en obras como “El concierto de San Ovidio”, “En la ardiente oscuridad”, “El sueño de la razón”, “La fundación”.

Alfonso Sastre (1926)

Madrileño que irrumpe en la escena española con el drama “Escuadra hacia la muerte”. Obra influida por el pensamiento existencialista y prohibida por la censura tras tres representaciones, admite varias interpretaciones: por un lado, puede ser una tragedia antibelicista, donde se incita a la rebelión contra una forma de tiranía; por otro, se trata de una reflexión sobre la necesidad de asumir el agobiante peso de la libertad y los propios actos. Evoluciona hacia un teatro de agitación social y política que choca con la censura. Escribe “La mordaza” y “La sangre y la ceniza”. “La taberna fantástica”, denominada tragedia compleja, denuncia el abandono social en que viven jóvenes de los arrabales de Madrid, empujados al alcoholismo y la delincuencia.

Dramaturgos Realistas

Autores que optan por una estética realista para mostrar las disfunciones sociales del presente. Destacan Lauro Olmo (1922-1994), con “La camisa”, donde indaga en la marginalidad, la miseria o la emigración; José Martí Recuerda (1922-2007), con “Las salvajes de Puente San Gil”; José María Rodríguez Méndez (1925-2009), con “Los inocentes de la Moncloa”; Carlos Muñiz y Ricardo Rodríguez Buded (1928), con “La madriguera”.

Teatro Experimental

Influido por el surrealismo, el teatro del absurdo y el teatro de la crueldad. Autores fundamentales son Fernando Arrabal y Francisco Nieva.

Fernando Arrabal (1932)

Parte de su obra se desarrolla en Francia, donde en 1962 fundó el movimiento pánico, junto con Jodorowsky y Topor. En las obras de teatro pánico se acentúan características presentes en dramas anteriores como “Picnic” o “El cementerio de automóviles”: se trata de un teatro provocador, que aspira a sobrecoger o escandalizar al espectador por la violencia, el sexo o la locura; sus obras no pretenden ofrecer un testimonio de la realidad, sino que constituyen parábolas o alegorías donde presenta una imagen pesimista. Por tanto, es un teatro simbólico, vinculado al teatro del absurdo. Cobran importancia los signos no verbales, y los diálogos poéticos o incoherentes se apartan de la lengua cotidiana.

Francisco Nieva (1924)

Destacan las obras que el autor agrupa bajo la denominación de teatro furioso. Escritas en los años 70, pero no publicadas hasta después de la muerte de Franco, como “Pelo de tormenta”. El tema central de su obra es la crítica a la España tradicional, por la religiosidad y la represión sexual. Propugna la transgresión y la liberación de los instintos, con un lenguaje dramático caracterizado por el erotismo y la desinhibición, e incorpora elementos del carnaval, el esperpento o el surrealismo.

Teatro en Democracia

Transformación radical de las estructuras teatrales en España. Diversidad de tendencias, convivencia en los escenarios de generaciones de actores, directores de escena y dramaturgos, y el largo periodo de tiempo transcurrido dificultan la tarea de encontrar rasgos compartidos. Condicionado por dos factores: el apoyo institucional al teatro y el desplazamiento del centro de gravedad del texto dramático a la representación.

Apoyo institucional: el teatro deja de estar circunscrito al ámbito privado y se convierte en una actividad promocionada y subvencionada por distintas administraciones del Estado. Se crea el Centro Dramático Nacional, el Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas, la Compañía Nacional de Teatro Clásico, el Centre Dramatic de la Generalitat de Catalunya o el Centro Andaluz de Teatro. Se recuperan teatros emblemáticos y se promueven festivales teatrales. La fuerte reducción de los presupuestos culturales en la crisis económica desde 2008 y el surgimiento de salas alternativas son dos fenómenos recientes que afectan al mundo del teatro en España.

Pérdida de importancia del dramaturgo y del texto dramático: preponderancia de los directores de escena, posmodernidad que legitima la posibilidad de interpretar o aportar lecturas de obras clásicas desde nuevos puntos de vista, que se convierten en figuras fundamentales de la creación escénica. Aparición de grupos de teatro independiente, surgidos en el tardofranquismo, que se caracterizan por la creación colectiva y el teatro no verbal. Destacan los catalanes Els Joglars, Els Comediants, Dagoll Dagom, La Fura dels Baus o La Cubana, La Cuadra o Tábano y El Gayo Vallecano. Gran reconocimiento el grupo Animalario. A pesar de ello, pervive un teatro de texto.

Teatro de los Años 80

Conviven en la escena española dramaturgos de dos generaciones sucesivas: autores de los años 40, que estrenan sus obras a finales de los 70 o principios de los 80, destacan José Luis Alonso de Santos, Fermín Cabal, Ignacio Amestoy o José Sanchis Sinisterra; y autores nacidos a finales de los 50, como Paloma Pedrero, Ignacio del Moral o Ernesto Caballero, que conforman la segunda generación de la democracia. Los temas incluyen:

  • La sociedad contemporánea: varias obras hablan sobre el clima social o político, y tratan temas como la droga, el terrorismo, la corrupción política, el terrorismo de Estado, la violencia de las cabezas rapadas, la inmigración y los prejuicios xenófobos y racistas, o la violencia de género.
  • La Guerra Civil.
  • Conflictos psicológicos.

Las técnicas teatrales pretenden recuperar la conexión con el público, con obras realistas, tramas comprensibles y personajes dotados de coherencia psicológica. Incorporan estructuras metateatrales, elementos simbólicos o alegóricos, o referencias intertextuales.

Teatro Reciente

En los años 90 irrumpe un grupo de dramaturgos nacidos en los 60, con obras de madurez en el siglo XXI. Denominados la Generación Bradomín, es un grupo amplio y heterogéneo, donde destacan Lluïsa Cunillè, Sergi Belbel, Rodrigo García, Juan Mayorga, Yolanda Pallín, Angélica Liddell o Itziar Pascual. Se distinguen dos vertientes: el teatro basado en la preponderancia del texto dramático, cuyo principal representante es Juan Mayorga; y el teatro de experimentación radical, influido por el teatro de la crueldad, el happening, el body-art o el accionismo vienés, donde la representación se convierte en acción artística o performance que pretende suscitar un rechazo de la condición humana, la sociedad burguesa o el mundo contemporáneo. En este último se inscriben dos grandes creadores escénicos: Angélica Liddell y Rodrigo García.

Juan Mayorga

Madrileño, autor contemporáneo con más repercusión internacional. Escribe un teatro de la palabra, cuyo tema es la reflexión sobre distintas formas de opresión o dominación y la indefensión de las víctimas ante el abuso y la violencia ejercida por otros. En su producción se encuentran dos vertientes fundamentales: dramas sobre grandes hechos de la historia del siglo XX (Guerra Civil Española, exilio republicano, Holocausto, estalinismo, Guerra Fría, etc.); y dramas ambientados en el presente, donde reflexiona sobre temas como la pederastia, la corrupción y las relaciones del poder en altas esferas políticas y económicas, o la fascinación por vidas ajenas. Obras como “Cartas de amor a Stalin”, “Himmelweg”, “Hamelín”.

La Novela Española a Partir de 1975

Narrativa Española en 1975

Tras la muerte de Franco en 1975, en España se inicia la transición a la democracia, que se centra en la aprobación de la Constitución de 1978. El final de la dictadura propicia la normalización de la narrativa española, un proceso análogo al estudiado para la lírica y el teatro. La novela experimental (años 60) muestra signos de agotamiento. En 1975 se publica “La verdad sobre el caso Savolta”, de Eduardo Mendoza, obra que anuncia un cambio de paradigma por la incorporación de elementos de la novela policiaca o la importancia de la intriga y el humor. Esta obra está ambientada en Barcelona, donde florecen oscuros negocios sobre una conflictividad social. Historia de Enrique Savolta, turbio industrial catalán enriquecido vendiendo armas durante la Primera Guerra Mundial, y de Paul-André Lepprince, francés que es su mano derecha y que se casa con la hija de este.

Continuidad Generacional

Narradores que se desarrollaron en décadas anteriores.

Novelistas de la Primera Promoción de Posguerra

Miguel Delibes escribe algunas de sus obras fundamentales, atento a nuevas líneas de desarrollo de la novela: “Los santos inocentes”, sobre las brutales desigualdades sociales que persisten en el ámbito rural, con técnicas narrativas experimentales; “Madera de héroe”, sobre la Guerra Civil; “Señora de rojo sobre fondo gris”, novela autobiográfica, protagonizada por Ana, que sería la vida de la esposa del autor; “El hereje”, novela histórica cuya acción transcurre en Valladolid durante la primera mitad del siglo XVI. Camilo José Cela vuelve a mirar a la Guerra Civil en “Mazurca para dos muertos”, ambientada en Galicia. Gonzalo Torrente Ballester recrea subgéneros como la novela de espías, histórica o policiaca.

Novelistas de los Años 50 y 60

Desde 1975, siguen escribiendo los siguientes autores, conocidos en los años 40 y 50: Ana María Matute, que con 60 años publica su obra maestra “Olvidado rey Gudú”, donde crea una geografía imaginaria, con elementos de la literatura artúrica o los cuentos de hadas; Carmen Martín Gaite, que escribe “El cuarto de atrás”, novela metaliteraria en la literatura del yo, y “Nubosidad variable”, centrada en el universo femenino, en conflicto con el resto de la sociedad; Juan Marsé, con “El embrujo de Shanghái”; y Juan Benet, con “Herrumbrosas lanzas”, donde retoma la Guerra Civil.

El Placer de Narrar

Prima la historia sobre el discurso.

Nuevos Realismos

Rafael Chirbes, en “La larga marcha”, “La caída de Madrid” y “Los viejos amigos”, muestra la evolución de la sociedad española desde la posguerra al final de la Transición. En otras obras retrata de forma crítica la España actual, como en “Crematorio”, sobre la corrupción, o “En la orilla”, sobre la crisis desencadenada en 2007-08. Almudena Grandes tiene dos vertientes: “El corazón helado”, donde inicia el ciclo donde se novela el pasado de España desde la Guerra Civil, y otras obras que retratan la intrahistoria de las clases medias, con protagonismo de personajes femeninos. Otros autores cultivan un realismo de raíz cervantina, como Luis Mateo Díez, creador del territorio mítico de Celama, o Luis Landero, autor de “Juegos de la edad tardía”. Álvaro Pombo presenta una trayectoria narrativa singular. En sus retratos de la burguesía incorpora reflexiones filosóficas, agudos análisis psicológicos y elementos humorísticos. En obras como “El cielo raso” cobra importancia el tema de la homosexualidad.

La Novela Policiaca

En las últimas décadas se produce en España un florecimiento de la novela negra, adecuada para reflejar las transformaciones del país, así como para denunciar la corrupción o la injusticia de una sociedad opulenta y amoral. Autor relevante es Manuel Vázquez Montalbán, cuyo detective Carvalho protagoniza “Tatuaje” o “Los mares del sur”, que reflejan una visión desencantada de la sociedad. También la cultivan Alicia Giménez Bartlett, creadora de la inspectora Petra Delicado; Juan Madrid y su investigador Toni Romano; y Lorenzo Silva, con los guardias civiles Belilacqua y Chamorro.

Novela Histórica

“Mansura”, de Félix de Azúa; “No digas que fue un sueño”, de Terenci Moix; “En busca del unicornio”, de Juan Eslava Galán; o “Reconstrucción”, de Antonio Orejudo, recrean acontecimientos o personajes del pasado. Las reconstrucciones de la época sirven para arrojar luz sobre el presente. El principal cultivador es Arturo Pérez-Reverte, cuyo modelo narrativo se imbrica con la novela de aventuras. Destacan las del capitán Alatriste, del siglo XVII, y la serie de relatos sobre el fracaso de los ideales ilustrados en España: “Cabo Trafalgar”, “El asedio”, etc.

Estrategias de Renovación

En la novela española se reconocen estrategias de renovación presentes también en la obra de los principales narradores europeos y norteamericanos contemporáneos, lo que evidencia la incardinación de la novela española en la narrativa occidental.

Literatura Autobiográfica

Aquí destacan las autobiografías “Pretérito imperfecto” y “Casa del olivo”, del psiquiatra Carlos Castilla del Pino (1922-2009); o “Mira por dónde”, del filósofo Fernando Savater. También la serie de diarios “Salón de los pasos perdidos”, de Andrés Trapiello, y obras donde se recrean las figuras del padre o la madre, como “Tiempo de vida”, de Marcos Giralt Torrente, o “También esto pasará”, de Milena Tusquets. Autores del yo son: Francisco Umbral, con obras de evocaciones autobiográficas situadas en la frontera con lo lírico, como “Memorias de un niño de derechas” (sobre su infancia), “Mortal y rosa” (sobre la muerte del hijo) y “El hijo de Greta Garbo” (sobre su madre); y Jorge Semprún, autor de “Autobiografía de Federico Sánchez”, donde reconstruye su etapa como miembro del partido comunista en la clandestinidad hasta su expulsión en los 60, y “La escritura o la vida”, sobre sus experiencias en el campo de concentración en la Segunda Guerra Mundial.

Autoficción y Metaficción

La autoficción consiste en el préstamo del nombre o las circunstancias biográficas del autor a un personaje de la obra, acentuando la sensación de indefinición entre realidad y ficción. Se combina con la metaficción, donde se reflexiona sobre el proceso de escritura de la novela. La autoficción es una característica de la narrativa de Javier Cercas o Enrique Vila-Matas. Incorporan elementos metaficcionales José María Merino, en “Novela de Andrés Choz”, y el valenciano Juan José Millás, en “Papel mojado” o “Desorden de tu nombre”. En sus obras crea un universo propio y aborda temas recurrentes como el miedo, el sueño, la fantasía, etc.

Fusión de Géneros

La narrativa reciente se sitúa en la frontera entre la autobiografía, la biografía, el ensayo, el reportaje o el libro de viajes. La ruptura de las fronteras entre géneros convierte la novela en un género multiforme, capaz de asimilar elementos de diversa procedencia. Sobresalen obras donde se indaga en la biografía de un personaje histórico combinado con la evocación de episodios de la vida del autor. Ocurre en “El intruso”, de Javier Cercas, o “Como la sombra que se va”, de Antonio Muñoz Molina, o “La ridícula idea de no volver a verte”, de Rosa Montero, una investigación sobre la figura de Marie Curie y el diario que escribió después de la muerte de su marido.

Antonio Muñoz Molina

“Beatus ille”, su primera obra, está situada en el territorio imaginario de Mágina, que vuelve a aparecer en “El jinete polaco”, “Sefarad” o “El viento de la luna”. En su narrativa encontramos algunos temas y rasgos formales:

  • Preocupación ante el fanatismo y la injusticia: dimensión ética reflejada en artículos periodísticos, en sus ensayos y novelas.
  • Reelaboración de subgéneros narrativos: algunas de sus obras, como “Beltenebros”, presentan personajes o situaciones propios de la novela policiaca y el cine negro.
  • Incorporación de elementos autoficcionales o autobiográficos: así ocurre en “El viento de la luna” o “Ardor guerrero” o “Cómo la sombra que se va”, donde reconstruye la vida de James Earl Ray.
  • Estilo minucioso y descriptivo: amplios periodos oracionales, donde se aprecia la influencia de Marcel Proust.

Javier Marías

Entre sus obras destacan “Todas las almas”, “Corazón tan blanco”, “Mañana en la batalla piensa en mí”, “Negra espalda del tiempo”, “Tu rostro mañana”, “Los enamoramientos”. Los rasgos que definen al autor son:

  • Inserción de digresiones de carácter reflexivo: interrumpen la narración. Se aprecia la deuda con Laurence Sterne.
  • Recurrencia de temas fundamentales: la responsabilidad de callar o decir, las consecuencias de saber o ignorar, la necesidad de contar para dar sentido, la indeterminación de la verdad, la importancia del relato, la traición, la integridad moral o la identidad.
  • Referencias a otros textos, como los de Shakespeare: “Corazón tan blanco”, “Tu rostro mañana” o “Así empieza lo malo”.
  • Sintaxis laberíntica y reiteración de giros a modo de eco o ritornelos.

Enrique Vila-Matas

Su tema principal es la reflexión sobre la propia literatura. “Bartleby y compañía” es una mezcla de ficción y ensayo donde el narrador hace un inventario de autores que dejaron de escribir. “El mal de Montano” es un ejemplo de autoficción: el narrador es el padre de Montano, pero este no existe y es él quien se siente vampirizado por la literatura.

Javier Cercas

Su primer éxito fue “Soldados de Salamina”, al que siguen obras que conforman la trayectoria más original de la narrativa española actual, como “La velocidad de la luz” y “Las leyes de la frontera”. Su narrativa está definida por:

  • Indagación sobre un personaje histórico como eje de la novela: ocurre con el falangista Rafael Sánchez Mazas en “Soldados de Salamina” o Enrique Marco en “El impostor”. La identidad del ser humano, oculta bajo máscaras, se revela como un enigma indescifrable.
  • Autoficción.
  • Metaficción: el proceso de escritura forma parte del asunto de la novela, el ser humano impelido a inventar ficciones.
  • Emborronamiento de los límites entre los géneros: sus novelas se sitúan en la intersección entre la biografía, el reportaje o el ensayo, sin dejar de ser novelas.
  • Combinación entre la indagación histórica y las circunstancias personales del narrador/autor.

El Cuento

Un rasgo de la literatura de este periodo es la revalorización de la narrativa breve. Entre los cuentos publicados destacan:

  • “Obabakoak”, de Bernardo Atxaga, escrito en euskera y traducido al castellano por el autor, formado por 26 relatos, algunos de los cuales se desarrollan en el territorio mítico de Obaba, y que tratan temas universales como el destino.
  • “¿Qué me querés, amor?”, de Manuel Rivas, en gallego, un conjunto de 16 relatos donde se incluye “La lengua de las mariposas”, sobre la relación de un maestro republicano y un niño antes de la Guerra Civil.
  • “Vuitanta-sis contes”, de Quim Monzó, una reunión de relatos de libros anteriores donde destaca el humor y la ironía, combinados con elementos surrealistas o kafkianos.

En castellano destacan Andrés Neuman, con “Hacerse el muerto”; José María Merino, con “La glorieta de los fugitivos”; Fernando Aramburu, con “Los peces de la amargura”; y Mercedes Abad, con “Amigos y fantasmas”.

Últimas Voces

Los autores nacidos después de 1965 siguen empleando procedimientos como la autoficción. Cabe señalar otros datos comunes:

  • Ruptura de las fronteras con América Latina: autores latinos jóvenes publican y son leídos en España, y a la inversa, lo que se ha llamado novela en español.
  • Experimentación radical con el concepto de género: se indaga sobre las posibilidades de la novela más allá del mero contar historias, con estructuras fragmentarias y materiales diversos de la ciencia, etc.
  • Desdibujamiento de los límites entre alta y baja cultura: consonancia con la mentalidad posmoderna, en títulos se utilizan códigos de la cultura pop, y se emplea el término afterpop para algunos autores.
  • Salto tecnológico: Internet es empleado como cauce de difusión de la nueva literatura, y la tecnología como motivo recurrente.